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2611-08 La víspera

2611-08

La crisis no avisa, y nadie improvisa la reserva cuando ya es de noche.

Toda crisis parece repentina, pero casi nunca lo es. Lo que sorprende no es el desastre sino la falta de preparación frente a él. Hay gobiernos que viven como si la emergencia fuera imposible, gastando la bonanza sin reservar nada para la tormenta que siempre vuelve. Cuando llega, descubren que la previsión no se compra a última hora.

La diferencia entre el Estado prudente y el imprudente no se ve en los días tranquilos, cuando todos parecen iguales. Se ve en la hora difícil. Uno tiene reservas, planes y cuadros formados; el otro corre a conseguir prestado lo que debió guardar a tiempo. Prever no es desconfiar del futuro, es respetarlo.

Lo que se guarda a tiempo

Existe una forma de irresponsabilidad que se disfraza de optimismo. Es la del gobernante que confía en que nada malo ocurrirá durante su turno, que deja para mañana lo que exige decisión hoy, que consume el presente como si no hubiera porvenir. Vive de la víspera eterna, sin entender que la víspera termina.

La previsión es la virtud menos vistosa de la política y la más decisiva. No gana aplausos porque trabaja contra desgracias que todavía no ocurren. Nadie agradece el puente que no se cayó, la epidemia que no estalló, la reserva que amortiguó el golpe. Y sin embargo, ahí está la diferencia entre un pueblo que resiste y uno que colapsa.

Lo más duro es que la preparación no se puede delegar en el último minuto. El que no formó cuadros no los tendrá cuando los necesite; el que no guardó no podrá pedir prestado el criterio ajeno. Hay cosas que, llegada la hora, cada uno debe tener listas de antemano. La imprevisión no se remedia con buena voluntad nocturna.

LA OTRA CARA

El optimismo como coartada

Se confunde a menudo la esperanza con la negligencia. El dirigente que repite que todo saldrá bien, sin hacer nada para asegurarlo, no es optimista, es irresponsable. Convierte un deseo en política.

El verdadero temple no niega la tormenta, la anticipa. Gobernar con seriedad es imaginar el peor escenario y prepararse para él, de modo que si no llega, mejor; y si llega, no encuentre a la casa desprevenida.

Lo que no se presta

Hay recursos que se consiguen en el momento, un crédito, una compra de urgencia. Pero hay otros que no, la institución sólida, el funcionario competente, la confianza del ciudadano. Esos se construyen con años y no se alquilan en la emergencia.

Por eso el tiempo tranquilo es el más valioso, aunque parezca el más ocioso. Es la hora de llenar las reservas que la crisis vaciará. Quien desperdicia la calma paga la tempestad al doble.

AFORISMOS

  1. La crisis no avisa, por eso se prepara en la calma. — JFT
  2. Prever no es desconfiar del futuro, es respetarlo. — JFT
  3. El optimismo sin previsión es solo negligencia con buena cara. — JFT
  4. Nadie agradece el desastre que no ocurrió, y ahí vive el buen gobierno. — JFT
  5. Hay reservas que no se prestan a última hora, se forman con años. — JFT

PROPUESTAS

  1. Constituir y blindar fondos de contingencia para desastres y emergencias, intocables salvo para su fin.
  2. Elaborar y actualizar planes de crisis por sector, con simulacros y responsables designados con anticipación.
  3. Formar cuadros técnicos permanentes en el Estado, de modo que la competencia no dependa del gobierno de turno.
  4. Mantener sistemas de alerta temprana frente a riesgos climáticos, sanitarios y de seguridad, con financiamiento estable.
  5. Evaluar a cada gestión no solo por lo que construyó, sino por las crisis que supo evitar o amortiguar.