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2611-07 Dos señores

2611-07

Nadie sirve a la vez al interés de todos y a su propio bolsillo.

Hay una ilusión cómoda en la política, la de creer que se puede servir al bien común y al interés propio al mismo tiempo, sin que uno devore al otro. No se puede. Tarde o temprano toda lealtad dividida se decide, y casi siempre lo hace a favor del bolsillo. El funcionario que pretende contentar a dos amos termina traicionando al más débil, que es el ciudadano.

La integridad no se fracciona. Quien es desleal en lo pequeño lo será en lo grande, porque el carácter no cambia con el tamaño de la tentación, solo se revela. Por eso conviene mirar cómo administra alguien lo menor antes de confiarle lo mayor. El que roba poco no es honrado, es apenas un ladrón con poca oportunidad.

La lealtad no se parte en dos

Existe un examen silencioso que anticipa el comportamiento de cualquier autoridad. No es su discurso ni su programa, es su conducta en las cosas pequeñas. Cómo trata un gasto menor, cómo responde cuando nadie fiscaliza, qué hace con el poder minúsculo antes de tener el inmenso.

Porque la corrupción rara vez empieza en grande. Empieza en el favor pequeño, en la factura inflada, en la contratación del conocido. Quien se acostumbra a lo chico no tendrá reparos con lo grande; solo esperará la ocasión. La fidelidad en lo mínimo no es un detalle moral, es la prueba de si alguien merece lo máximo.

Y está el otro peligro, el de los que se las dan de justos. Construyen una fachada de probidad para la galería mientras su conducta real va por otro camino. La política peruana conoce bien a esos personajes impecables en el estrado y turbios en la trastienda. Al ciudadano le toca aprender a distinguir la virtud exhibida de la virtud practicada.

LA OTRA CARA

La fachada de la probidad

Hay quienes han convertido la honradez en escenografía. Proclaman principios con voz firme y los contradicen en la penumbra de sus decisiones. Su integridad es un traje que se ponen para la foto.

El problema es que la apariencia convence a muchos y el escrutinio cansa a casi todos. Por eso la verdadera defensa no es el aplauso al discurso honesto, sino la verificación paciente de la conducta. Se juzga por los hechos, nunca por la pose.

El tamaño no excusa

Se ha instalado la idea de que la pequeña trampa no cuenta, que el favorcito es parte del juego. Esa tolerancia a lo menor es la escuela de lo mayor. Toda gran corrupción fue primero una pequeña que nadie sancionó.

Un país serio no gradúa la decencia según el monto. La misma vara que mide el gran desfalco debe medir la coima diminuta, porque ambas nacen del mismo desprecio por lo que es de todos.

AFORISMOS

  1. Quien es desleal en lo pequeño ya decidió serlo en lo grande. — JFT
  2. La integridad no se fracciona, se tiene entera o no se tiene. — JFT
  3. No se puede servir al pueblo y al bolsillo propio sin traicionar a uno de los dos. — JFT
  4. El que roba poco no es honrado, es un ladrón sin oportunidad. — JFT
  5. La virtud que se exhibe desconfía de la que se practica. — JFT

PROPUESTAS

  1. Exigir declaración de intereses y de patrimonio verificable a todo funcionario antes y después de ejercer el cargo.
  2. Tratar la pequeña corrupción con la misma severidad que la grande, porque ambas vulneran el mismo bien común.
  3. Prohibir y fiscalizar el conflicto de intereses en toda contratación, sin excepción por el monto.
  4. Evaluar la idoneidad para un cargo mayor por la conducta probada en responsabilidades menores.
  5. Proteger y premiar al servidor que rechaza el favor indebido, haciendo de la integridad una ventaja y no un riesgo.