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La norma que estorba al que necesita ayuda ha dejado de servir.
Toda sociedad necesita reglas, y el Peru ha sufrido demasiado por su ausencia. Pero existe una perversion frecuente de la norma, la de usarla no para proteger a las personas sino para no ayudarlas. Cuando el reglamento se convierte en la excusa perfecta para no hacer el bien que se podia hacer, algo se ha torcido en el fondo.
Hay funcionarios que conocen cada articulo que les permite negar y ninguno que los obliga a resolver. Observan al ciudadano no para servirlo sino para atraparlo en el error, para encontrar el requisito que falta y devolverlo a la cola. Esa es la burocracia convertida en muro. La buena norma abre camino; la mala, lo cierra en nombre de si misma.
El reglamento como coartada
Existe una pregunta que desnuda a cualquier administracion. Cuando esta en juego ayudar a una persona o cumplir una formalidad vacia, que elige. El funcionario sano resuelve el problema y luego ordena el papel. El funcionario enfermo exhibe el papel para no resolver el problema. La diferencia parece pequena y lo cambia todo.
Lo grave es que esa rigidez casi nunca es neutral. Detras del exceso de requisitos suele esconderse otra cosa, el poder de decidir quien pasa y quien no, la cuota de pequeno mando que da negar, y a veces la mano extendida que ofrece agilizar lo que uno mismo trabo. La tramitologia no es solo ineficiencia, es con frecuencia un sistema de poder.
El servidor publico existe para servir, no para vigilar que nadie reciba lo que le corresponde. Una regla que impide socorrer a quien lo necesita, pudiendo hacerlo, no merece ser defendida sino corregida. Y el verdadero respeto a la ley no consiste en esconderse tras ella para no actuar, sino en usarla para el fin que la justifico, el bien de la gente.
LA OTRA CARA
La incoherencia del que traba
El que niega por reglamento suele ser incoherente. La misma formalidad que invoca para no ayudar al ciudadano la saltaria sin dudar si se tratara de lo suyo o de los suyos. La rigidez es flexible cuando conviene, y ahi se revela que nunca fue principio sino pretexto.
Esa doble vara corroe la confianza en lo publico. La gente aprende que la norma no es igual para todos, que se aplica con dureza al desconocido y con blandura al conocido. Y una sociedad que percibe esto deja de creer en sus instituciones, que es la peor de las bancarrotas.
Simplificar es gobernar
Cada tramite innecesario es un impuesto oculto que paga el ciudadano en tiempo, dinero y humillacion. Simplificar no es relajar el control, es quitar del camino todo lo que no protege a nadie y solo sirve para estorbar o para cobrar.
Un Estado que respeta a su gente disena procesos pensando en quien los sufre, no en quien los administra. Mide su exito en problemas resueltos, no en requisitos exigidos. Esa es la reforma mas silenciosa y mas revolucionaria, devolverle al ciudadano el tiempo que la burocracia le roba.
AFORISMOS
- La norma que impide hacer el bien pudiendo hacerlo ha dejado de servir. — JFT
- Hay quien conoce cada regla para negar y ninguna para resolver. — JFT
- El reglamento es a veces la coartada perfecta de quien no quiere ayudar. — JFT
- Cada tramite inutil es un impuesto que se paga en tiempo y dignidad. — JFT
- La rigidez que es flexible cuando conviene nunca fue principio, fue pretexto. — JFT
PROPUESTAS
- Eliminar requisitos y tramites que no protegen un interes publico real, bajo el principio de que lo que no suma, estorba.
- Implantar un silencio administrativo positivo efectivo, de modo que la demora del Estado no castigue al ciudadano.
- Redisenar los procesos publicos desde la mirada del usuario y no del administrador.
- Sancionar el uso de la formalidad como instrumento para extorsionar o dilatar indebidamente.
- Medir a las entidades por problemas resueltos y tiempos reales de atencion, no por requisitos exigidos.