2610-23
Sabemos prever la lluvia y fingimos no ver la tormenta institucional.
Hay una ceguera que no es incapacidad sino conveniencia. El ciudadano común anticipa con precisión el clima, la subida del dólar, el precio del pan de la próxima semana. Pero cuando se trata de leer el deterioro de sus instituciones, los signos evidentes de que algo se descompone, elige no ver. No es que falten las señales. Sobran. Falta la voluntad de nombrarlas, porque nombrarlas obligaría a actuar.
Leer el tiempo político es una forma de responsabilidad. Las crisis no llegan de golpe, se anuncian. Hay humo antes del incendio, grietas antes del derrumbe, pequeños abusos tolerados antes de la captura total. Quien sabe interpretar esas señales puede evitar el desastre; quien las ignora por comodidad termina pagando el costo completo. La historia peruana está llena de catástrofes que todos vieron venir y nadie quiso detener.
El arte de llegar a tiempo
Existe una sabiduría elemental que la política suele despreciar, la de resolver los conflictos mientras todavía son pequeños. Toda disputa tiene un momento en que puede arreglarse con un gesto razonable, y otro, más tarde, en que ya solo se resuelve con una derrota. Entre ambos momentos corre un plazo breve que la soberbia casi siempre desperdicia.
Lo vemos en cada conflicto social que estalla después de años de advertencias desoídas, en cada institución que colapsa tras ignorar sus primeras grietas, en cada reforma postergada hasta que ya no alcanza. El Perú ha hecho de la postergación un método de gobierno. Se espera a que el problema reviente para recién entonces discutirlo, cuando el costo se ha multiplicado y las opciones se han reducido a las peores.
Gobernar con inteligencia es, en gran medida, llegar a tiempo. Es tener el coraje de ceder lo razonable antes de que la terquedad obligue a perderlo todo. No es debilidad, es cálculo prudente. El que negocia a tiempo conserva márgenes; el que se aferra hasta el final termina negociando desde la ruina. Saber leer el momento es tan importante como tener la razón.
LA OTRA CARA
La ceguera conveniente
Hay quienes no ven porque no quieren asumir el costo de ver. Reconocer un problema obliga a enfrentarlo, y enfrentarlo cuesta esfuerzo, capital político, a veces privilegios. Entonces se prefiere la ignorancia administrada, ese arte de mirar hacia otro lado justo cuando las señales se vuelven innegables.
Pero la realidad no desaparece porque se la ignore. Solo se acumula. El problema que hoy se evita por comodidad regresa mañana multiplicado, y entonces ya no admite soluciones elegantes. La ceguera voluntaria es la forma más cara de administrar el futuro.
Reconciliar antes del abismo
No toda firmeza es virtud. Hay una terquedad que se confunde con principios y que lleva a sociedades enteras al borde del abismo por no ceder a tiempo. La reconciliación no es rendición, es la inteligencia de preferir un acuerdo razonable a una victoria que llega sobre escombros.
Las repúblicas que sobreviven son las que aprenden a desescalar, a tender puentes antes de que el río crezca. Las que no, quedan atrapadas en la lógica del todo o nada, donde cada bando prefiere hundirse con tal de no ceder. Llegar a un acuerdo a tiempo es, muchas veces, la más alta forma de patriotismo.
AFORISMOS
- Las crisis no llegan de golpe, se anuncian; ignorarlas es elegir el desastre. — JFT
- Sabemos prever la lluvia y fingimos no ver el derrumbe que se avecina. — JFT
- Todo conflicto tiene un plazo breve para resolverse barato antes de costar caro. — JFT
- La ceguera voluntaria es la forma más costosa de administrar el futuro. — JFT
- Reconciliar a tiempo no es rendirse, es ganarle terreno a la ruina. — JFT
PROPUESTAS
- Instituir sistemas de alerta temprana de conflictos sociales que obliguen a la autoridad a intervenir antes del estallido, no después.
- Crear mecanismos permanentes de diálogo y mediación en zonas de tensión, con capacidad real de acuerdo y seguimiento.
- Exigir a cada gestión pública indicadores de riesgo institucional, revisados periódicamente y de acceso ciudadano.
- Promover la solución anticipada de controversias mediante arbitraje y conciliación antes de la judicialización costosa.
- Evaluar a las autoridades por su capacidad de prevenir crisis, no solo por su reacción una vez ocurridas.