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2610-22 Verdad que divide

2610-22

Quien señala el privilegio será acusado de romper la paz.

Hay una paz que no es tranquilidad sino anestesia. Es la calma de los acuerdos que a nadie incomodan porque nada corrigen. Debajo de esa superficie serena laten los privilegios de siempre, cómodos justamente porque nadie los nombra. Cuando alguien decide decir la verdad sobre ese arreglo, la superficie se quiebra y aparece la división. No porque quien habla busque el conflicto, sino porque la verdad, al pronunciarse, obliga a tomar partido.

Entonces se invierte la acusación. Al que señala el abuso se le reprocha haber roto la armonía, como si la enfermedad fuera el diagnóstico y no el mal. Conviene distinguir. Hay divisiones que degradan y divisiones que ordenan, porque separan lo que estaba indebidamente mezclado. Una república madura no teme esa línea. La traza con serenidad y sostiene que la unidad verdadera se construye sobre la verdad compartida, nunca sobre el silencio pactado.

El precio de nombrar lo que incomoda

En la política peruana abunda una forma peculiar de cobardía, la que se disfraza de prudencia. Se llama consenso a la suma de los silencios, y se celebra como madurez lo que no es sino un reparto cuidadoso de lo que a nadie conviene tocar. Mientras el acuerdo no roce ningún interés, todos aplauden. El problema empieza cuando alguien decide que ciertas cosas deben decirse en voz alta.

Porque toda verdad tiene un costo y ese costo lo paga primero quien la pronuncia. Al que denuncia la captura de una institución se le acusa de polarizar; al que expone una economía ilegal se le reprocha alarmar; al que cuestiona un privilegio se le tilda de resentido. La estrategia es vieja y eficaz. Convertir al que señala el fuego en el incendiario, para que el debate deje de ser sobre el abuso y pase a ser sobre los modales de quien lo nombra.

Un dirigente serio asume ese costo sin dramatismo. No busca la división por gusto, pero no la teme cuando es el precio de la claridad. Sabe que la unanimidad sospechosa suele esconder un pacto de impunidad, y que una sociedad solo madura cuando aprende a distinguir entre el que rompe la paz y el que simplemente se niega a seguir fingiéndola.

LA OTRA CARA

La falsa concordia

Hay quienes invocan la unidad como un chantaje. Piden cerrar filas, bajar la voz, no airear la ropa sucia, siempre en el momento exacto en que alguien estaba por descubrir algo incómodo. Esa concordia no protege a la república, protege a quienes temen la luz. La unidad que exige el silencio no es unidad, es complicidad administrada con buenos modales.

La verdadera cohesión de un pueblo no nace de callar las diferencias sino de procesarlas con reglas claras. Se une sobre principios, no sobre secretos. Donde la concordia se usa para tapar, la división que la rompe no es un daño, es un servicio.

Dividir para ordenar

No toda división es una herida. Algunas son el corte limpio que separa lo legítimo de lo capturado, lo público de lo privado disfrazado de público. Esa línea incomoda porque obliga a cada quien a decidir de qué lado está, y hay muchos que viven cómodos justamente en la ambigüedad.

Una democracia que no sabe trazar fronteras termina confundiendo tolerancia con rendición. Dividir, en ese sentido, es gobernar. Es afirmar que ciertas cosas no se negocian, que hay límites que no se cruzan, y que la paz construida sobre su violación no merece ser defendida.

AFORISMOS

  1. La paz que exige silencio no es paz, es rendición con buenos modales. — JFT
  2. Quien nombra el abuso será acusado de romper la calma que lo ocultaba. — JFT
  3. Hay unanimidades que delatan un pacto, no una convicción. — JFT
  4. Dividir lo que estaba mal mezclado también es una forma de ordenar. — JFT
  5. La verdad no busca el conflicto, pero tampoco se arrodilla para evitarlo. — JFT

PROPUESTAS

  1. Transparentar los acuerdos políticos relevantes mediante actas públicas, de modo que ningún consenso se construya a espaldas del ciudadano.
  2. Proteger legalmente al funcionario y al ciudadano que denuncian captura institucional, impidiendo represalias laborales o judiciales.
  3. Exigir sustento verificable a toda acusación de polarización usada para frenar una investigación legítima.
  4. Fortalecer la autonomía de los organismos de control para que señalar el abuso no dependa del coraje individual.
  5. Establecer que ningún pacto de gobernabilidad pueda incluir cláusulas que limiten la fiscalización o la rendición de cuentas.