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2610-18 Límites del poder

2610-18

El poder que no reconoce fronteras termina invadiendo la vida entera.

Toda autoridad legítima nace de aceptar un límite. Hay un terreno que le pertenece y otro que jamás debe pisar. Cuando el poder confunde lo que administra con lo que posee, deja de gobernar y empieza a invadir. La libertad de un pueblo se mide por el tamaño del espacio que el Estado reconoce como ajeno a su mando.

Esa frontera entre lo público y lo privado no es un tecnicismo, es la geografía misma de la libertad. El ciudadano debe al Estado sus obligaciones, sus tributos, su respeto a la ley. Pero su conciencia, sus creencias, su vida íntima no son materia de negociación política. Un poder decente sabe dónde termina su jurisdicción.

La trampa de la falsa disyuntiva

Hay una vieja técnica para destruir al honesto. No se lo acusa de frente, se le tiende una pregunta con dos respuestas y ambas lo condenan. Se lo coloca entre la ley y la gente, entre la norma y el afecto, para que cualquier salida parezca traición a algo. El que la formula no busca una respuesta sino una caída.

El Perú conoce bien estas emboscadas verbales. Al funcionario íntegro se le exige elegir entre dos lealtades incompatibles fabricadas a propósito. Si cumple la ley, lo pintan como insensible; si cede, lo acusan de débil. La trampa funciona porque simplifica lo que es complejo y obliga a escoger dentro de un marco envenenado.

La respuesta del íntegro no consiste en elegir una de las dos salidas sino en denunciar la falsedad del dilema. Devolver a cada ámbito lo que le corresponde, distinguir con precisión dónde manda la ley y dónde manda la conciencia, desarma al que tendió la red. La claridad es el antídoto contra la manipulación.

LA OTRA CARA

El poder que lo quiere todo

Existe una ambición que no se conforma con gobernar lo público, quiere también administrar lo privado. Pretende decidir cómo piensa el ciudadano, qué cree, con quién se reúne, qué dice en su casa. Esa es la marca de todo autoritarismo, borrar la frontera que lo contiene.

Donde el Estado invade la conciencia, ya no hay ciudadanos sino súbditos. La defensa de la vida privada no es egoísmo, es la última trinchera de la libertad. Un poder que respeta sus límites es fuerte; uno que los desconoce solo es grande en apariencia.

La hipocresía que tiende redes

Quien prepara una trampa suele vestirla de elogio. Comienza alabando la honestidad de su víctima, reconociendo su franqueza, para que la pregunta siguiente parezca inocente. La adulación es el anzuelo y la aparente neutralidad, el hilo.

Reconocer la trampa exige serenidad, no sospecha permanente. El íntegro no responde con miedo ni con astucia equivalente, sino con una claridad que no se deja arrinconar. Al que quiere hacerlo caer no se le vence con su misma arma sino negándose a entrar en su juego.

AFORISMOS

  1. Toda autoridad legítima nace de aceptar un límite. — JFT
  2. El poder que invade la conciencia ya no gobierna, oprime. — JFT
  3. La pregunta tramposa no busca respuesta, busca una caída. — JFT
  4. Defender la vida privada es defender la última frontera de la libertad. — JFT
  5. Al que te adula antes de preguntar, cuéntale los dedos después del saludo. — JFT

PROPUESTAS

  1. Delimitar por ley con precisión las competencias del Estado para impedir la intromisión en la esfera privada de los ciudadanos.
  2. Proteger los datos personales frente al uso político o comercial no consentido, con sanciones efectivas a su abuso.
  3. Garantizar la neutralidad del aparato estatal, prohibiendo que recursos públicos se usen para vigilar o perseguir opiniones privadas.
  4. Fortalecer los mecanismos de control que impiden que una autoridad exceda su jurisdicción legal.
  5. Asegurar que ninguna obligación tributaria o administrativa se convierta en instrumento de presión contra la conciencia o la crítica del ciudadano.