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2610-17 No callar

2610-17

El silencio por miedo también es una forma de complicidad.

Hay un momento en la vida pública en que cada ciudadano debe decidir si sostiene en voz alta lo que piensa en privado o si lo esconde para no pagar el precio. La coherencia entre lo que se cree y lo que se declara es la materia prima de la ciudadanía. Un país se mide por la cantidad de personas dispuestas a decir en la plaza lo mismo que dicen en su casa.

El poder teme más al que habla que al que conspira, porque la palabra franca desnuda y la conspiración solo amenaza. Por eso el régimen mediocre invierte tanto en producir miedo. Quiere ciudadanos que piensen una cosa y callen otra, porque el que calla por temor ya empezó a obedecer.

El coraje de declararse

Existe una valentía que no necesita gritos ni gestos épicos. Es la del ciudadano que, llevado ante una autoridad hostil, no improvisa excusas ni se retracta, sino que sostiene con serenidad lo que sabe verdadero. Esa firmeza tranquila incomoda más que cualquier insulto, porque no se la puede comprar ni intimidar.

En el Perú hemos aprendido a medir el carácter de la gente no en los discursos sino en los momentos de presión. Cuando llega la citación, la amenaza velada, la oferta de silencio a cambio de tranquilidad, allí se revela quién es cada quien. Muchos descubren entonces que sus convicciones eran más baratas de lo que creían.

La democracia no se sostiene con héroes excepcionales sino con ciudadanos ordinarios que no se dejan callar. El que denuncia un abuso, el que firma con su nombre, el que no borra lo que escribió cuando lo presionan, sostiene el edificio entero. Negar lo que uno cree para evitarse un problema es la forma más silenciosa de traicionarse.

LA OTRA CARA

La fábrica del miedo

El miedo no aparece solo, se produce. Hay quienes tienen interés en que el ciudadano crea que hablar cuesta caro y callar sale gratis. Difunden ejemplos de represalias, exageran su alcance y dejan que la imaginación del resto haga el trabajo.

Contra esa maquinaria no sirve la temeridad sino la constancia. Cada persona que habla y no es destruida desmonta un poco la leyenda del castigo inevitable. El miedo se alimenta de casos aislados y muere cuando muchos deciden, a la vez, dejar de temer.

La máscara del prudente

Hay quien disfraza su cobardía de prudencia. Dice que calla por estrategia, que no es el momento, que ya hablará cuando convenga. Pero el momento que espera nunca llega, porque la comodidad siempre encuentra una razón para seguir callando.

La prudencia verdadera elige las palabras, no las entierra. Mide el modo, no renuncia al fondo. Entre el imprudente que grita y el cobarde que calla hay un tercer camino, el del que dice lo que debe con la serenidad de quien no teme sostenerlo.

AFORISMOS

  1. El que calla por miedo ya votó por quien lo asusta. — JFT
  2. La cobardía siempre se presenta con el nombre de prudencia. — JFT
  3. Un pueblo que piensa una cosa y dice otra ya perdió la mitad de su libertad. — JFT
  4. El poder teme más a la palabra franca que a la conspiración. — JFT
  5. Decir en la plaza lo mismo que en la casa es el primer acto cívico. — JFT

PROPUESTAS

  1. Garantizar protección legal y laboral efectiva a funcionarios y ciudadanos que denuncian irregularidades, con sanción real a toda represalia.
  2. Blindar la libertad de expresión frente a demandas abusivas usadas para silenciar la crítica legítima.
  3. Asegurar que toda citación de una autoridad a un ciudadano conste por escrito y con causa expresa, para impedir el amedrentamiento informal.
  4. Fortalecer la independencia de los órganos que reciben denuncias ciudadanas, para que declarar no dependa del favor de la autoridad denunciada.
  5. Promover la transparencia de las sesiones y decisiones públicas, de modo que la palabra ciudadana quede registrada y no pueda ser negada luego.