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2610-13 La fachada impecable

2610-13

De nada sirve pulir la fachada cuando por dentro reina el saqueo.

Hay gobiernos que cuidan la forma con esmero y descuidan el fondo con descaro. Pulen la fachada, ordenan el protocolo, maquillan las cifras, y por dentro conviven con la rapiña. La pulcritud exterior se vuelve entonces una coartada, un modo elegante de ocultar lo que no resiste la luz.

El ciudadano aprendió a desconfiar de la limpieza demasiado perfecta. Sabe que el aseo de la superficie no garantiza la honradez del contenido. Lo que define a una autoridad no es la impecabilidad de su imagen sino la decencia de su conducta cuando nadie la observa. Un Estado honesto no necesita maquillaje, le basta con no tener nada que esconder.

El maquillaje del poder

En la política peruana se ha perfeccionado el arte de la apariencia. Hay ministerios que invierten más en comunicar que en resolver, autoridades que ensayan la foto antes que la solución, instituciones que exhiben manuales impecables mientras por debajo circula la coima. La forma se ha vuelto el refugio de quienes temen al fondo.

El problema no es cuidar la forma, que es necesaria y hasta respetable. El problema aparece cuando la forma sustituye a la sustancia, cuando el protocolo tapa la pobreza de resultados y el discurso correcto encubre la gestión torcida. Entonces la pulcritud deja de ser virtud y se convierte en disfraz.

Limpiar por fuera es sencillo y vistoso; limpiar por dentro es difícil y silencioso. Lo primero gana aplausos, lo segundo gana respeto. Un país serio aprende a premiar la honradez que no se exhibe y a sospechar de la perfección que se exhibe demasiado. La decencia verdadera no brilla, sostiene.

LA OTRA CARA

La corrupción bien vestida

La forma más peligrosa de corrupción no es la burda sino la elegante. No llega con las manos sucias sino con el traje impecable y el expediente en regla. Se ampara en la legalidad formal para vaciarla de contenido ético.

Por eso conviene desconfiar de quien insiste demasiado en su propia pulcritud. El que proclama a cada instante su honradez suele estar comprando coartadas. La virtud auténtica no se anuncia, se comprueba en los actos pequeños que nadie filma.

El examen de lo invisible

Hay una prueba que ningún maquillaje supera, la de lo que se hace cuando nadie mira. La honradez se mide en la trastienda, no en la vitrina. Ahí se sabe si la limpieza era convicción o era cosmética.

El ciudadano debería exigir transparencia precisamente en lo invisible, en las compras sin cámaras, en los contratos sin público, en las decisiones sin testigos. Un poder que acepta ser mirado por dentro es un poder que no teme a su propia verdad.

AFORISMOS

  1. De nada sirve pulir la fachada cuando por dentro reina el saqueo. — JFT
  2. La corrupción más peligrosa no llega sucia, llega impecablemente vestida. — JFT
  3. Quien proclama su honradez a cada instante suele estar comprando coartadas. — JFT
  4. La decencia verdadera no brilla, sostiene. — JFT
  5. La honradez se mide en la trastienda, no en la vitrina. — JFT

PROPUESTAS

  1. Transparentar en portales abiertos todas las compras y contrataciones del Estado, incluidas las de menor cuantía que hoy escapan al control.
  2. Someter a auditoría externa e independiente a las entidades con mejor imagen pública y no solo a las ya señaladas.
  3. Exigir declaraciones de intereses y de patrimonio verificables a todo funcionario con capacidad de decisión sobre fondos.
  4. Proteger y premiar al servidor público que denuncia irregularidades desde dentro de su propia institución.
  5. Medir la integridad institucional por resultados de control efectivos y no por la calidad de sus manuales o campañas.