2610-09
Ningún poder sobrevive a la guerra que libra contra sí mismo.
Hay una ley política tan vieja como las naciones, ningún reino dividido contra sí mismo permanece en pie. Las grandes derrotas rara vez llegan desde afuera; se incuban adentro, en la rivalidad de los propios, en la ambición que no sabe sumar. Un gobierno, un partido o un país pueden resistir mil ataques externos y sucumbir a una sola fractura interna.
Esa fractura tiene un método conocido, la sospecha sistemática. Consiste en atribuir siempre la peor intención al adversario, incluso cuando hace lo correcto. Cuando alguien sanea y se le acusa de perseguir, cuando alguien ordena y se le acusa de abusar, la sociedad entera se envenena. La calumnia convertida en costumbre es el disolvente más eficaz de cualquier proyecto común.
El veneno de la sospecha
Vivimos una época que ha hecho de la desconfianza un reflejo. Cada acto público se interpreta en su peor versión, cada logro ajeno se explica por un motivo oscuro. Si alguien combate un delito, se insinúa que lo hace por venganza; si alguien construye, que roba; si alguien dialoga, que se vende. Así, la buena fe se vuelve sospechosa y la mala, norma.
Este clima no es espontáneo, se cultiva. A ciertos intereses les conviene que nadie crea en nada ni en nadie, porque en el desierto de la confianza florecen los oportunistas. Cuando todo da igual porque todos son supuestamente iguales de corruptos, el ciudadano se repliega, deja de distinguir y termina votando por el más audaz, no por el más honesto. La sospecha indiscriminada no es lucidez, es rendición.
La respuesta no es la ingenuidad sino el discernimiento. Hay que juzgar los actos por sus frutos y no por las intenciones que les atribuimos. Quien reúne, construye; quien dispersa, destruye. Esa es la vara. Un liderazgo serio se reconoce porque suma voluntades en torno a un fin común, mientras que el mediocre solo sabe dividir para reinar sobre los escombros.
LA OTRA CARA
La fuerza del que llega
Toda estructura de poder parece inexpugnable hasta que aparece alguien más fuerte y la desarma. Los intereses atrincherados creen custodiar su palacio para siempre, confiados en sus armas. Pero su fuerza es prestada; dura mientras nadie se atreva a enfrentarla. El día que surge una voluntad superior, todo ese aparato de intimidación se revela frágil.
Esa es la esperanza en medio de tanto desánimo. Ninguna red de corrupción es eterna, ningún cerco de miedo es invencible. Lo que hoy domina mañana puede ser desarmado por una sociedad que decida, por fin, no seguir financiando con su silencio el palacio del que la oprime.
El vacío que se llena solo
Hay un error que las sociedades pagan caro, creer que basta expulsar el mal para quedar a salvo. Se derriba a un gobernante corrupto y se celebra la casa barrida, limpia, en orden. Pero una casa vacía no permanece vacía mucho tiempo. Si no se la llena de instituciones sólidas y de virtudes cívicas, otros vicios peores vienen a ocuparla.
Por eso el final puede ser peor que el principio. Lo hemos visto, el entusiasmo que derriba y no construye deja un hueco que los aventureros aprovechan. Limpiar es apenas la mitad de la tarea; la otra mitad, la más difícil, es edificar lo que impida que el mal regrese con rostro renovado.
AFORISMOS
- Ningún poder sobrevive a la guerra que libra contra sí mismo. — JFT
- La calumnia hecha costumbre es el disolvente más eficaz de todo proyecto común. — JFT
- Quien reúne construye, quien dispersa destruye; esa es la única vara. — JFT
- La sospecha indiscriminada no es lucidez, es rendición disfrazada de astucia. — JFT
- Derribar es la mitad de la tarea; la otra mitad, más difícil, es edificar. — JFT
PROPUESTAS
- Fijar como criterio de evaluación pública los resultados verificables de cada gestión, no las intenciones que se le atribuyen.
- Sancionar la difamación organizada y las campañas de desinformación sin afectar la crítica legítima ni la libertad de prensa.
- Blindar la cooperación entre instituciones del Estado para que la rivalidad política no paralice la lucha contra el delito.
- Acompañar toda remoción de autoridades corruptas con reformas que impidan la recaptura de esos espacios por nuevos intereses.
- Invertir en educación cívica que enseñe a distinguir la crítica fundada de la sospecha indiscriminada.