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2610-08 Llamar sin descanso

2610-08

La democracia no premia al que grita una vez, sino al que insiste con razón.

Hay una virtud cívica poco celebrada y decisiva, la constancia. No la del fanático que repite consignas, sino la del ciudadano que vuelve una y otra vez a tocar la puerta de lo público hasta ser atendido. Las instituciones no se mueven por un reclamo aislado; responden a la presión sostenida de quien no se cansa de exigir lo justo.

Esa insistencia es el músculo de toda sociedad viva. Un pueblo que pide una vez y se resigna educa a sus gobernantes en la impunidad. Uno que insiste con método y con razón los educa en la rendición de cuentas. La diferencia entre un derecho conquistado y una promesa olvidada suele estar, simplemente, en quién tuvo la paciencia de no soltar.

El arte de no soltar

En la política peruana abundan los entusiasmos breves. Nos indignamos con fuerza y olvidamos con rapidez. Un escándalo nos moviliza una semana y a la siguiente ya miramos otro. Esa memoria corta es el mejor aliado del mal gobernante, que ha aprendido a esperar, porque sabe que la indignación ciudadana tiene fecha de caducidad y basta aguantar el chaparrón.

Contra esa lógica solo hay un antídoto, la insistencia organizada. El reclamo que vuelve, el expediente que se sigue, la pregunta que se repite hasta obtener respuesta. No es terquedad, es ciudadanía adulta. Quien pide con constancia termina obteniendo, no porque conmueva al poder sino porque lo incomoda hasta volver más barato atender que ignorar.

Y hay algo más hondo. El que insiste afirma, con cada gesto, que lo público le pertenece. No mendiga un favor, ejerce un derecho. Esa es la frontera moral entre el súbdito y el ciudadano. El súbdito pide una vez, con miedo, y agradece lo que reciba. El ciudadano exige las veces que haga falta, sin miedo, porque sabe que no pide un regalo sino lo que ya es suyo.

LA OTRA CARA

La respuesta esperada

Pero la insistencia supone una promesa implícita del otro lado, la de que llamar sirve de algo. Cuando el ciudadano toca mil puertas y ninguna se abre, no aprende constancia, aprende cinismo. La peor enseñanza que puede dar un Estado es que da igual reclamar, porque nadie responde.

Por eso el deber de insistir del ciudadano tiene como espejo el deber de responder de la autoridad. Un buen gobierno no es el que promete que nunca lo molesten, sino el que garantiza que cada reclamo legítimo encuentre una ventanilla que funcione. Donde el Estado responde, la insistencia florece; donde ignora, se marchita en desencanto.

La trampa del clamor fácil

Hay que distinguir, sin embargo, la insistencia de la algarabía. No toda presión es virtuosa. Existe el clamor manipulado, el que una maquinaria enciende para simular un pueblo que no existe. Ese ruido pide, pero no busca; grita, pero no razona. Y suele servir a intereses que se esconden tras la multitud alquilada.

La insistencia que vale es la que puede mostrar sus razones a plena luz. Pide, busca y llama, pero siempre con el rostro descubierto y el argumento a la mano. Confundir el escándalo fabricado con la demanda ciudadana es el error que permite a los demagogos vestir de pueblo sus propios apetitos.

AFORISMOS

  1. La democracia no premia al que grita una vez, sino al que insiste con razón. — JFT
  2. La memoria corta del ciudadano es el mejor aliado del mal gobernante. — JFT
  3. El súbdito pide una vez y agradece; el ciudadano exige cuantas veces haga falta. — JFT
  4. Quien insiste con método no conmueve al poder, lo incomoda hasta ser atendido. — JFT
  5. Un Estado que nunca responde no enseña paciencia, enseña cinismo. — JFT

PROPUESTAS

  1. Crear ventanillas únicas de reclamo con plazos máximos de respuesta y silencio administrativo positivo a favor del ciudadano.
  2. Publicar en línea el estado y el tiempo de atención de cada expediente, para que la demora tenga nombre y responsable.
  3. Garantizar canales de denuncia seguros y con seguimiento verificable, de modo que insistir no exponga a represalias.
  4. Sancionar la inacción reiterada de funcionarios ante reclamos legítimos como falta grave, no como simple demora.
  5. Promover la educación cívica en perseverancia institucional, enseñando a la ciudadanía a usar los canales formales con método.