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2609-30 La mano en el arado

2609-30

El que sirve a su país mirando hacia atrás nunca termina de servirlo.

El servicio público serio no admite tibieza. Exige una entrega que muchos declaran y pocos sostienen, porque llegado el momento de renunciar a la comodidad, al privilegio o al provecho personal, aparecen las excusas. Siempre hay un asunto pendiente, una lealtad previa, un interés que atender antes. Y así, entre condiciones y postergaciones, el compromiso con el bien común se disuelve sin que nadie lo declare muerto.

Quien asume un cargo con la mirada puesta en lo que deja atrás -sus negocios, sus rencores, su vida anterior- no logra sembrar hacia adelante. El servicio verdadero pide una decisión limpia, la de poner la mano en la tarea y no voltear a cada rato a mirar el pasado. No se trata de negar de dónde uno viene, sino de no quedar preso de ello. El que entra al servicio público a medias, sirve a medias.

El compromiso que no admite condiciones

En la vida pública abundan los que quieren servir con condiciones. Sí, pero sin renunciar a este negocio. Sí, pero cuidando primero a los míos. Sí, pero después de arreglar lo mío. Cada condición parece razonable por separado; sumadas, vacían de contenido el compromiso. Al final el cargo se usa para lo privado y lo público queda como decorado. La entrega condicionada no es entrega, sino cálculo.

El servicio de verdad empieza cuando uno acepta que hay privilegios que soltar. El que asume una responsabilidad pública contrae una exigencia moral incómoda; sus intereses personales pasan a segundo plano, y a veces deben sacrificarse del todo. No hay manera de servir bien al país cuidando al mismo tiempo la cartera propia. En algún punto hay que elegir, y esa elección define al servidor.

Poner la mano en el arado significa comprometerse sin reservas con la tarea que se tiene delante. El que ara mirando hacia atrás tuerce el surco, no avanza recto porque su atención está dividida. Lo mismo ocurre en el gobierno. El que administra lo público mirando de reojo su beneficio deja obra torcida, incompleta, ambigua. El país necesita servidores enteros, no servidores a medias que reparten su lealtad entre el bien común y su propio provecho.

LA OTRA CARA

La falsa seguridad

Muchos entran a la política buscando refugio, un cargo estable, un blindaje, una plataforma para sus intereses. Confunden el servicio con la seguridad personal y llegan al poder como quien busca guarida. Pero el que busca ante todo protegerse jamás se arriesgará por el ciudadano cuando toque hacerlo.

El servicio público exige, al contrario, aceptar la intemperie. El que sirve de verdad renuncia a la comodidad de no incomodar, se expone, toma decisiones que le costarán. La seguridad que ofrece un cargo es una tentación que ablanda; los que la persiguen terminan cuidando su silla en lugar de cuidar a su pueblo.

El que mira atrás

Hay dirigentes que gobiernan de espaldas al futuro, atrapados en agravios viejos, en revanchas pendientes, en la nostalgia de un poder anterior. Gastan el presente ajustando cuentas con el pasado y descuidan lo único que importa, lo que hay que construir hacia adelante.

Servir es una disciplina de futuro. Exige soltar el rencor, dejar que el pasado quede en su sitio y concentrar toda la energía en el surco que falta abrir. El que no consigue mirar hacia adelante no está listo para conducir; seguirá arando torcido, repartiendo su atención entre la herida antigua y la tarea presente, sin terminar ninguna de las dos.

AFORISMOS

  1. El que sirve con condiciones no sirve: negocia. — JFT
  2. No se puede cuidar el país y la cartera propia con la misma mano. — JFT
  3. El que ara mirando atrás tuerce el surco. — JFT
  4. El que busca en el cargo una guarida jamás se arriesgará por su pueblo. — JFT
  5. Servir es una disciplina de futuro; el rencor es su enemigo. — JFT

PROPUESTAS

  1. Exigir a todo alto funcionario el deslinde efectivo y verificable de sus intereses económicos privados mientras ejerza el cargo.
  2. Fortalecer y sancionar realmente el conflicto de intereses, tratándolo como falta grave y no como formalidad administrativa.
  3. Establecer periodos de enfriamiento entre el ejercicio del cargo público y la actividad privada vinculada a lo que se reguló.
  4. Evaluar la gestión por metas de futuro y resultados sostenibles, no por el reparto de ventajas presentes entre allegados.
  5. Promover una carrera pública basada en vocación de servicio y mérito, que no ofrezca el cargo como refugio ni como botín.