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2609-24 La conciencia del poder

2609-24

El poder que silenció una voz vive temiendo el eco.

Hay una inquietud peculiar que asalta al poder cuando ha hecho callar a quien lo incomodaba, la perplejidad ante la voz que reaparece. El que creyó resolver un problema eliminándolo descubre que las ideas no se decapitan, y que la verdad silenciada regresa en otras bocas, multiplicada. Entonces el poder pregunta, desconcertado, quién es ese que vuelve a decir lo que él quiso enterrar.

Esa perplejidad es reveladora. Delata a un poder que gobierna desde la superstición del mando, que cree que la fuerza basta para acallar la conciencia pública y se sorprende cada vez que descubre que no. El gobernante que teme la pregunta es el mismo que la mereció. La conciencia intranquila es el impuesto que paga el que confundió el poder con la impunidad.

El zorro y el eco

En el Perú conocemos bien al poder supersticioso, el que persigue al periodista incómodo, al fiscalizador que no se deja, al dirigente que denuncia; el que cree que quitando de en medio a la persona quita también el problema que la persona nombraba. Es una vieja ilusión de los violentos, pensar que la verdad muere con quien la dice.

Pero la verdad tiene una economía extraña, pues cuanto más se la reprime, más se difunde. Cada voz silenciada se vuelve símbolo, y el símbolo convoca a diez que antes callaban. El poder que apostó por el miedo termina rodeado de ecos que ya no puede ubicar ni controlar, y esa incapacidad de situar la amenaza es el comienzo de su decadencia.

Frente a ese poder, la única respuesta digna es la que no le concede el favor del miedo ni el de la respuesta servil. Hay quienes, requeridos por el poder que los amenaza, no se humillan ni negocian su dignidad; simplemente siguen haciendo su trabajo a la vista de todos. Al gobernante que mata para conservarse no se le vence con súplicas, sino quitándole lo único que sostiene su trono, que es el silencio de los demás.

LA OTRA CARA

La curiosidad que no absuelve

Cuidado con confundir la curiosidad del poder con su conversión. El gobernante que quiere 'ver de cerca' a quien lo critica no siempre busca entender; a veces solo mide a su próxima víctima. La cercanía que ofrece el poderoso puede ser una trampa, no una apertura.

Por eso la prudencia no es cobardía. Acercarse al poder que ya demostró de qué es capaz exige lucidez, no ingenuidad. El que interpreta la curiosidad del verdugo como interés genuino suele pagarlo caro. Ante el poder sin escrúpulos, la dignidad se defiende mejor con distancia que con confianza.

La herencia de la violencia

El poder violento rara vez es un accidente individual; suele ser una herencia, un estilo que se transmite de gestión en gestión, de padre político a hijo político. Se cambia el nombre en el cargo, pero se conserva el método, el mismo desprecio por la vida ajena, la misma facilidad para masacrar en nombre del orden.

Romper esa herencia es tarea de la memoria y de la institución. Un país que no recuerda a sus verdugos los reencarna. Por eso documentar, nombrar y juzgar la violencia del poder no es revanchismo, sino la única vacuna conocida contra su repetición.

AFORISMOS

  1. Las ideas no se decapitan: la verdad silenciada vuelve en otras bocas. — JFT
  2. El gobernante que teme la pregunta es el mismo que la mereció. — JFT
  3. Cada voz que el poder silencia se vuelve símbolo, y el símbolo convoca a diez. — JFT
  4. La curiosidad del verdugo no es apertura: a veces mide a su próxima víctima. — JFT
  5. El país que no recuerda a sus verdugos los reencarna. — JFT

PROPUESTAS

  1. Garantizar la protección efectiva de periodistas, fiscalizadores y denunciantes frente a represalias del poder político.
  2. Blindar la autonomía de los organismos que investigan y sancionan abusos de autoridad.
  3. Sancionar el uso del aparato estatal para perseguir o intimidar a la crítica legítima.
  4. Fortalecer los archivos y la memoria institucional de los abusos de poder como política pública contra su repetición.
  5. Asegurar el acceso a la información pública como antídoto verificable contra el silencio impuesto.