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2609-22 Lealtad y principio

2609-22

La familia política no la define la sangre, sino la palabra cumplida.

En la política peruana persiste una confusión antigua, la de creer que la lealtad se debe a la sangre, al clan, al padrino que colocó a uno en el cargo. De esa confusión nacen el nepotismo, el argollismo y esa forma dócil de corrupción que consiste en devolver favores en vez de servir a la nación.

Hay, sin embargo, otra manera de entender la pertenencia. La verdadera comunidad política no la forman los que comparten apellido o padrino, sino los que comparten y cumplen un mismo compromiso con el bien común. La lealtad madura no mira de quién se es pariente, sino qué palabra se honra. Y esa distinción separa al servidor público del operador de una parentela.

Ampliar la familia

El clan es el enemigo silencioso de la república. No se anuncia con escándalo; se instala con naturalidad en el nombramiento del sobrino, en el contrato para el compadre, en el cargo que se hereda como si el Estado fuera patrimonio de una casa. Cada vez que la lealtad al grupo vence a la lealtad al principio, la institución se encoge y se vuelve botín.

Gobernar de verdad exige ensanchar la familia hasta que quepa en ella el ciudadano anónimo que no conocemos, que no votó por nosotros, que no nos debe nada ni nos puede pagar. Esa ampliación es el acto fundador de toda comunidad decente, que consiste en dejar de servir a los míos para empezar a servir a todos.

La prueba es concreta y ocurre a diario. Cuando un funcionario debe elegir entre proteger al pariente incómodo o cumplir la norma, ahí se revela a quién pertenece de verdad. El que elige la sangre confiesa que su lealtad es privada; el que elige el principio demuestra que entendió lo que significa lo público. La comunidad no se hereda, se construye cumpliendo la palabra dada a todos.

LA OTRA CARA

El desarraigo cínico

Pero hay un exceso que también corrompe, el del político que, en nombre de los principios, reniega de toda lealtad y traiciona a quien caminó con él apenas deja de convenirle. Confunde la independencia con la deslealtad y hace de la traición una virtud.

Ampliar la familia no significa despreciar a los propios ni pisar al que fue leal. Significa no encerrarse en ellos. El que rompe todo vínculo para trepar no es un hombre de principios, sino un oportunista que aprendió a disfrazar su ambición de coherencia.

La palabra que obliga

El criterio que ordena todo esto es antiguo y sencillo. Pertenece a la comunidad quien escucha el compromiso común y lo cumple. No basta con proclamarlo en campaña; hay que sostenerlo cuando cumplirlo cuesta votos, amigos o financistas.

Por eso la pertenencia política no se mide por la militancia declarada, sino por la coherencia entre lo prometido y lo hecho. El que promete y no cumple queda fuera de la comunidad que dice representar, aunque tenga el carné en el bolsillo. La palabra cumplida es el único carné que no se falsifica.

AFORISMOS

  1. El clan es el enemigo que no grita: se instala en el nombramiento del sobrino. — JFT
  2. Gobernar es ensanchar la familia hasta que quepa el ciudadano que no nos debe nada. — JFT
  3. La lealtad a la sangre es privada; la lealtad al principio es pública. — JFT
  4. Pertenece a la comunidad quien cumple la palabra, no quien porta el carné. — JFT
  5. Quien rompe todo vínculo para trepar disfraza su ambición de coherencia. — JFT

PROPUESTAS

  1. Reforzar y fiscalizar las prohibiciones de nepotismo en toda entidad pública, con sanción efectiva y no meramente declarativa.
  2. Transparentar en portales abiertos los vínculos familiares y de padrinazgo en nombramientos de confianza.
  3. Fortalecer la meritocracia en el servicio civil mediante concursos públicos auditables y perfiles verificables.
  4. Sancionar el uso de recursos del Estado para retribuir favores partidarios o de parentela.
  5. Evaluar a las autoridades por la coherencia verificable entre lo prometido en campaña y lo ejecutado en el cargo.