2609-19
No basta sembrar buenas ideas; hay que preparar el suelo que las reciba.
Las reformas, como las semillas, no fructifican por su sola bondad. Una idea justa lanzada sobre terreno hostil se pierde igual que sobre piedra, brota con entusiasmo y se seca en la primera dificultad. El error de mucha política peruana es creer que basta anunciar lo correcto; como si la calidad de la propuesta garantizara su arraigo, cuando lo que decide es el suelo donde cae.
Toda idea pública puede correr cuatro destinos. La que nadie escucha y se la llevan las urgencias; la que entusiasma sin raíz y muere al primer obstáculo; la que se ahoga entre intereses y distracciones; y la que encuentra tierra preparada y rinde de sobra. La tarea del que gobierna no es solo tener buenas semillas, sino cultivar el terreno cívico —confianza, instituciones, constancia— que permita a las reformas echar raíz y durar.
Por qué las reformas no arraigan
El Perú es un cementerio de reformas bien intencionadas. Planes anunciados con fanfarria que a los seis meses nadie recuerda; leyes correctas que jamás se aplicaron; políticas sensatas ahogadas por la maleza de los intereses que venían a incomodar. No falló, casi nunca, la idea. Falló el suelo, la falta de continuidad, la desconfianza acumulada y la impaciencia que exige frutos antes de que la planta crezca.
Sembrar sin preparar el terreno es desperdiciar la semilla. Una reforma que llega a un Estado sin capacidad de ejecutarla, a una ciudadanía sin razones para creerla o a un sistema donde los intereses la asfixian, está condenada por más brillante que sea en el papel. La superficialidad mata, porque lo que entra con euforia y sin raíz abandona a la primera prueba, y cada abandono deja el suelo más endurecido para la próxima.
Cultivar el terreno es la política menos vistosa y la más decisiva. Significa construir confianza con hechos pequeños y sostenidos, fortalecer las instituciones que ejecutan, y tener la paciencia de defender una reforma más allá del ciclo que la anunció. El que solo siembra titulares cosecha olvido; el que prepara la tierra cosecha resultados que sobreviven a su mandato. Lo profundo tarda, pero es lo único que dura.
LA OTRA CARA
El entusiasmo sin raíz
El peligro más seductor no es el rechazo, sino el aplauso fácil. Hay reformas que arrancan con euforia colectiva, encabezan las encuestas y llenan las plazas, y precisamente por eso nadie se ocupa de enraizarlas. Cuando llega la primera dificultad, ese entusiasmo se evapora tan rápido como llegó.
La adhesión superficial es traicionera porque simula fuerza. Un apoyo que no ha echado raíces en convicción ni en instituciones no resiste la prueba y, al primer costo, se abandona. Confundir ruido con arraigo es la ilusión que sepulta a los reformadores impacientes.
La maleza de los intereses
Otras reformas no mueren de sequía sino de asfixia. Nacen sanas pero crecen rodeadas de intereses que las estrangulan, el privilegio que se resiste, la burocracia que dilata, la corrupción que desvía. La planta está viva, pero no la dejan respirar.
Por eso preparar el terreno incluye desbrozarlo. No basta con la buena semilla y la buena intención; hay que remover activamente lo que ahoga, enfrentar a los que lucran con el statu quo. Toda reforma seria es, antes que nada, una decisión de quitar del medio lo que impide crecer.
AFORISMOS
- Una idea justa sobre terreno hostil se seca igual que sobre piedra. — JFT
- El que solo siembra titulares cosecha olvido. — JFT
- El aplauso fácil no es arraigo: es ruido que se evapora al primer costo. — JFT
- Toda reforma seria empieza por desbrozar lo que impide crecer. — JFT
- Lo profundo tarda, pero es lo único que sobrevive al mandato que lo sembró. — JFT
PROPUESTAS
- Condicionar toda reforma a un plan de ejecución y financiamiento verificable antes de su anuncio.
- Blindar las políticas de Estado con acuerdos que trasciendan el ciclo del gobierno que las inicia.
- Fortalecer la capacidad técnica de las entidades encargadas de implementar, no solo de diseñar.
- Reconstruir la confianza ciudadana con metas pequeñas cumplidas y rendición de cuentas periódica.
- Enfrentar de manera explícita los intereses que sabotean cada reforma, en lugar de ignorarlos.