2609-18
Ningún proyecto colectivo se sostiene sobre los que decide no ver.
Todo gran proyecto público tiene protagonistas visibles y sostenedores invisibles. Los primeros ocupan las fotos y los discursos; los segundos ponen el trabajo, los recursos y la constancia sin los cuales nada avanzaría. Cuando una comunidad reconoce solo a los primeros, comete un doble error, injusticia con quien sostiene y ceguera sobre cómo funcionan realmente las cosas.
La medida de un liderazgo maduro es a cuántos incluye en pie de igualdad, no a cuántos exhibe. Hay sectores enteros —los que trabajan desde los márgenes, los que aportan sin figurar— cuya exclusión empobrece a todos. Integrarlos no es concesión ni gesto de bondad, es reconocer una contribución real y ampliar la base sobre la que se apoya cualquier empresa común. Lo que se margina no desaparece, sigue sosteniendo, pero sin voz.
Los que sostienen sin figurar
En el Perú, buena parte de lo que funciona se sostiene sobre trabajo que no aparece en el relato oficial. La economía informal que da de comer a millones, las mujeres que sostienen hogares y comunidades y los pequeños productores que abastecen sin subsidio ni reflector son la infraestructura silenciosa del país. Y sin embargo, cuando se diseña la política pública, muchas veces se los trata como problema y no como cimiento.
Excluir de la mesa a quien sostiene la casa no solo es injusto, es ineficiente. Las decisiones tomadas sin los que conocen el terreno fracasan porque ignoran cómo vive de verdad la gente. La inclusión no es corrección política, es realismo. Quien contribuye tiene derecho a participar, y quien participa aporta un saber que ninguna oficina posee. Marginar ese saber es gobernar a ciegas sobre un país que no se molestó en mirar.
Ampliar el círculo de los reconocidos cambia la naturaleza del proyecto colectivo. Deja de ser la obra de unos pocos exhibida ante muchos, y pasa a ser tarea compartida. Ese es el salto que le falta a nuestra política, pasar de la inclusión declarada a la inclusión efectiva, donde el que aporta también decide. Una nación no se construye con espectadores agradecidos, sino con ciudadanos que caben en el mismo espacio y pesan lo mismo.
LA OTRA CARA
La inclusión de papel
Cuidado con la inclusión que solo se proclama. Hay discursos que celebran a los invisibles precisamente para no darles poder real; los nombran, los aplauden y los devuelven a los márgenes. El reconocimiento simbólico sin participación efectiva es una forma elegante de seguir excluyendo.
La prueba de la inclusión verdadera no está en las palabras sino en las decisiones, en quién firma, quién vota y quién administra los recursos. Mientras el aporte sea bienvenido pero la voz siga vetada, la igualdad será decorado.
El tokenismo
Existe también la trampa contraria, usar a los excluidos como emblema para exhibir apertura sin transformar nada. Se elige a uno, se lo muestra, y su presencia individual sirve de coartada para no cambiar la estructura que excluye a los demás.
La inclusión no se prueba con casos vistosos, sino con reglas que ensanchen el acceso para todos. Un símbolo no repara una exclusión; a lo sumo la maquilla. Lo que transforma es el cambio de las condiciones, no la exhibición de la excepción.
AFORISMOS
- Lo que una sociedad margina no desaparece: sigue sosteniéndola, pero sin voz. — JFT
- Gobernar sin los que conocen el terreno es gobernar a ciegas. — JFT
- La inclusión que solo se proclama es una forma elegante de excluir. — JFT
- Quien contribuye a la casa tiene derecho a sentarse en la mesa. — JFT
- Una nación no se construye con espectadores agradecidos, sino con ciudadanos que pesan lo mismo. — JFT
PROPUESTAS
- Incorporar a los sectores informales y productivos de base en el diseño de las políticas que los afectan.
- Garantizar participación efectiva —con voz y voto— y no meramente consultiva de los grupos históricamente excluidos.
- Reconocer estadística y legalmente el aporte económico del trabajo no remunerado que sostiene los hogares.
- Medir la inclusión por acceso real a decisiones y recursos, no por presencia simbólica en actos oficiales.
- Descentralizar el diseño de políticas para que el saber territorial pese tanto como el técnico central.