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2609-12 Por sus frutos

2609-12

Un árbol se juzga por lo que da, y un gobierno por lo que deja.

Las palabras son baratas y la política peruana lo sabe; se prometen puentes que nunca atraviesan un río, hospitales que no curan a nadie, futuros que caducan al día siguiente de la elección. Pero hay una prueba que ninguna retórica resiste, y es el fruto. No se recogen higos de los espinos ni justicia de las instituciones capturadas. Cada gestión, como cada árbol, se conoce por lo que produce, no por lo que anuncia.

Y hay una segunda prueba, más lenta y más severa, la de los cimientos. Una casa construida sobre arena parece firme hasta que llega el torrente; entonces se desploma con estruendo. Las instituciones son iguales. Las que se levantan sobre roca —normas claras, servidores íntegros, controles reales— resisten la tormenta. Las que se apoyan en el favor, la improvisación y el clientelaje, caen con la primera crisis y arrastran a la gente en su ruina.

La contabilidad de los frutos

Cada tiempo electoral el país se llena de árboles que aún no han dado fruto pero ya reclaman la cosecha. Es la política de la promesa sin obra, del discurso sin correlato, del corazón que rebosa palabras porque está vacío de resultados. Y sin embargo, el ciudadano tiene una memoria que la propaganda subestima, pues recuerda lo que se hizo, no lo que se dijo.

Un buen árbol no puede dar fruto malo ni un mal árbol darlo bueno. Traducido a lo público, una institución sana produce servicios que llegan; una capturada produce trámites que asfixian y decisiones que favorecen a pocos. No hace falta auditar el discurso de nadie; basta mirar lo que sale de sus manos. La boca habla de lo que rebosa el corazón, y la gestión revela de qué está hecha una autoridad.

Por eso el criterio republicano más honesto no es la simpatía ni la elocuencia, sino el fruto verificable. Preguntar siempre lo mismo. ¿Qué mejoró en la vida concreta de la gente? ¿Se acortó una cola, se abrió una posta, se cumplió una ley? Donde hay respuesta comprobable, hay árbol bueno. Donde solo hay palabras que se repiten, hay espinos que fingen viñedo.

LA OTRA CARA

La casa sin cimientos

Muchos gobiernos edifican rápido y encima, sobre la arena de la coyuntura, con obras para la foto, normas para el titular, cargos para el amigo. Parece sólido mientras no llueve. Pero basta una crisis —una recesión, un desastre, un escándalo— para que todo se derrumbe, porque nunca hubo fundamento debajo.

La verdadera seguridad de un Estado no viene del poder de quien manda, sino de las bases sobre las que se construye —reglas estables, méritos, controles que funcionan—. Cavar hondo cuesta y no luce. Pero es lo único que sostiene cuando llega el torrente, y el torrente, en el Perú, siempre llega.

El fruto que tarda

Cuidado también con la impaciencia que exige frutos inmediatos y castiga a quien siembra a largo plazo. Las reformas serias —educación, justicia, formalización— no cosechan en un ciclo electoral. Confundir la velocidad con el resultado empuja a los gobiernos hacia el efectismo y la obra inútil.

Sembrar bien es un acto de generosidad con el que vendrá después. El estadista planta árboles cuya sombra no disfrutará. El demagogo, en cambio, tala el futuro para tener leña hoy. Distinguir a uno de otro es la tarea cívica más urgente de un electorado maduro.

AFORISMOS

  1. Las palabras se prometen; los frutos se cosechan o se echan de menos. — JFT
  2. Ninguna retórica endereza un árbol que da fruto podrido. — JFT
  3. La casa que se levanta sobre el favor cae con la primera tormenta. — JFT
  4. El estadista siembra sombra que no disfrutará; el demagogo tala el futuro. — JFT
  5. Se juzga a un gobierno por lo que deja, no por lo que anuncia. — JFT

PROPUESTAS

  1. Evaluar cada política pública por indicadores de resultado verificables en la vida cotidiana, no por presupuesto ejecutado ni obras inauguradas.
  2. Blindar la estabilidad normativa esencial para que las reformas de fondo sobrevivan a los cambios de gobierno.
  3. Fortalecer la carrera pública basada en mérito, de modo que las instituciones descansen sobre servidores idóneos y no sobre lealtades.
  4. Exigir a toda gestión la publicación de metas medibles al inicio y su cumplimiento comprobado al final del mandato.
  5. Priorizar la inversión de lento retorno —educación, salud primaria, agua— por encima de la obra de impacto electoral inmediato.