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2609-11 La viga propia

2609-11

Nadie corrige un país con el defecto que se niega a mirar en sí mismo.

Hay una ceguera que no está en los ojos, sino en el juicio; es la del que pretende conducir a otros por un camino que él mismo no ve. En la vida pública abundan los guías que señalan el error ajeno con precisión de cirujano y toleran el propio con indulgencia de cómplice. El resultado es previsible; dos que caminan a tientas terminan ambos en el hoyo. Ningún pueblo avanza detrás de quien no ha aprendido primero a mirarse.

La autoridad moral no se decreta; se gana en el espejo. El que exige transparencia debe ser transparente; el que reclama austeridad no puede vivir del privilegio; el que denuncia el abuso no puede practicarlo en su propia casa. Cuando el corrector y el corregido comparten el mismo defecto, la crítica deja de ser servicio y se vuelve espectáculo. La primera reforma de todo dirigente es la que hace consigo mismo.

El país de los diagnósticos ajenos

Vivimos rodeados de examinadores. Cada quien tiene lista la falta del otro, el expediente del rival, la pequeñez que descalifica al adversario. Es un deporte nacional encontrar la brizna en el ojo del vecino mientras se carga una viga que estorba la vista. Y así se gobierna, o se pretende gobernar, desde una superioridad que nadie ha auditado.

El problema no es la crítica; una república sin crítica se pudre. El problema es la crítica sin autocrítica, la vara que mide al otro con rigor y a uno mismo con piedad. Quien fiscaliza sin dejarse fiscalizar no busca corregir, sino dominar. Convierte la denuncia en arma y la moral en coartada. Y el ciudadano, que no es tonto, huele la incoherencia antes de que termine la frase.

Hay una disciplina que casi nadie practica y que sostiene a las democracias serias, y es mirarse primero. Antes de exigir cuentas, rendirlas. Antes de señalar la sombra ajena, encender la luz sobre la propia. El dirigente que se somete al mismo examen que impone a los demás no pierde autoridad; la funda. Porque la única corrección que transforma es la que empieza en quien la pronuncia.

LA OTRA CARA

El guía que no ve

Cuidado con el que se ofrece a conducir sin haber recorrido el camino. La incompetencia disfrazada de certeza es más peligrosa que la duda honesta, porque arrastra a otros con la seguridad de su voz. El que no reconoce sus límites no puede corregir los de nadie; solo multiplica su propia ceguera en escala mayor.

El peor liderazgo no es el que se equivoca, sino el que no admite que puede equivocarse. Ese cierra los ojos y pide fe. Y un pueblo que sigue a ciegas a quien camina a ciegas no llega a ninguna parte; llega al hoyo, y descubre demasiado tarde que lo cavó su propio silencio.

La hipocresía como método

Existe una forma de corrupción que no roba dinero, sino la palabra. Es la del que predica lo que no cumple, exige lo que no ofrece, condena lo que practica. Su capital es la indignación selectiva, y la gasta siempre contra el otro. La incoherencia, cuando se vuelve sistema, corroe la confianza más que cualquier hurto.

La cura no es el cinismo de creer que todos son iguales. Es la exigencia simétrica, la misma vara para el propio y para el ajeno. Donde el dirigente acepta ser medido con el rigor que reclama, la política recupera un poco de decencia. Donde no, la corrección se vuelve teatro y el país, público cansado.

AFORISMOS

  1. El que solo ve el defecto ajeno gobierna con un ojo cerrado. — JFT
  2. Corregir sin corregirse no es virtud: es dominación con buenos modales. — JFT
  3. La autoridad moral se gana en el espejo, no en la tribuna. — JFT
  4. Un pueblo que sigue a un guía ciego cava su propio hoyo. — JFT
  5. La crítica sin autocrítica es un arma, no un servicio. — JFT

PROPUESTAS

  1. Someter a las autoridades a los mismos estándares de transparencia y declaración patrimonial que exigen a los demás, sin excepciones ni fueros de conveniencia.
  2. Establecer que quien preside un órgano de control publique primero su propia rendición de cuentas antes de fiscalizar a otros.
  3. Crear evaluaciones de idoneidad verificables para cargos de conducción, de modo que nadie guíe una institución que no comprende.
  4. Proteger y no perseguir a quien fiscaliza de buena fe, distinguiendo la crítica legítima del hostigamiento político.
  5. Instituir la práctica de la autoevaluación pública anual de cada entidad estatal, con metas verificables y no con discursos.