2609-10
Con la vara con que mides al adversario, tarde o temprano te medirán a ti.
La política peruana se ha vuelto un ajuste de cuentas permanente. Cada grupo que llega al poder usa contra sus enemigos las mismas armas que denunció cuando las sufrió, la persecución selectiva, la ley aplicada al rival y olvidada para el amigo, la revancha vestida de justicia. Y así, giro tras giro, se degrada la República. No se construye un orden, se turna la venganza.
Romper ese ciclo no es debilidad ni buenismo. Es la única forma de que exista una regla estable para todos. Tratar al adversario con la misma medida que exigimos para nosotros no es amor al enemigo, sino cálculo republicano. La vara doble parece ventajosa cuando uno tiene el poder, pero el poder rota, y la vara que fabricamos hoy la heredará quien nos suceda.
La regla de oro de la política decente
Hay una regla tan antigua como la convivencia, la de tratar a los demás como quieres ser tratado. En política se traduce sin romanticismo. No le hagas al adversario lo que te parecería una injusticia si te lo hicieran a ti. No porque el adversario lo merezca, sino porque la regla que aplicas se convierte en norma, y esa norma volverá. El que hoy destruye garantías para golpear al rival está desarmando las que mañana lo protegerán.
Esto no significa impunidad ni ingenuidad. Al que delinque se le procesa, pero con la misma ley y el mismo debido proceso que reclamaríamos para nosotros. La diferencia entre justicia y venganza no está en el castigo, sino en la vara. La justicia usa una sola para todos; la venganza tiene una para el enemigo y otra para el amigo. En cuanto aparece la doble vara, ya no hay justicia, hay guerra con toga.
El estadista se distingue del faccioso precisamente aquí. El faccioso pregunta «¿es de los míos o de los otros?» antes de decidir. El estadista pregunta «¿aceptaría esta regla si el poder cambiara de manos?». Esa pregunta, hecha en serio, es el mejor antídoto contra el abuso. Quien la evita está confesando que sabe que su medida es injusta y solo la sostiene mientras dure su turno.
LA OTRA CARA
El perdón que encubre
Cuidado, sin embargo, con quienes predican reconciliación para tapar sus propios crímenes. Existe un falso llamado a «pasar la página» que en realidad busca la amnistía de los responsables. No toda mano tendida es noble; algunas piden tregua solo para conservar lo robado.
Tratar al adversario con justicia no es renunciar a la verdad ni a la reparación. La reconciliación sin justicia no cierra heridas, las anestesia. La medida única debe aplicarse también al poderoso que pide olvido, no solo al débil que pide clemencia.
La firmeza sin odio
Aplicar una sola vara no equivale a la tibieza. Se puede combatir con dureza a la corrupción y a las economías criminales sin convertir esa lucha en cacería personal. La firmeza mira el hecho; el odio mira a la persona. La primera fortalece la institución; el segundo la usa como maza.
El adversario de hoy será interlocutor mañana, porque en democracia nadie gana para siempre. Quien humilla en la victoria prepara su propia humillación en la derrota. La serenidad no es blandura, sino la forma más alta de la fuerza.
AFORISMOS
- Con la vara con que mides al adversario te medirán cuando el poder rote. — JFT
- La justicia usa una sola vara; la venganza tiene una para cada bando. — JFT
- El que destruye garantías para golpear al rival desarma las suyas. — JFT
- La reconciliación sin justicia no cura la herida: la anestesia. — JFT
- Quien humilla en la victoria firma su humillación en la derrota. — JFT
PROPUESTAS
- Blindar la independencia de fiscalías y jueces para que la persecución no dependa de quién gobierna, sino de la prueba.
- Aplicar el mismo estándar de debido proceso a oficialismo y oposición, y hacer público cuando se sanciona a los propios como prueba de imparcialidad.
- Rechazar toda amnistía o indulto que encubra corrupción o graves violaciones, distinguiéndola de la clemencia humanitaria genuina.
- Institucionalizar la alternancia pacífica del poder con reglas electorales estables que ningún gobierno de turno pueda torcer a su favor.
- Evaluar cada medida excepcional con una prueba simple: si se aceptaría en manos del adversario; si la respuesta es no, no debe aprobarse.