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2609-08 El origen no es destino

2609-08

De dónde vienes explica tu punto de partida, nunca tu punto de llegada.

Hay una tentación antigua en la política, la de creer que el linaje decide el mérito, que la sangre o el apellido predeterminan quién sirve para gobernar y quién no. Es la aristocracia disfrazada de sentido común. Pero la historia de los pueblos demuestra lo contrario. Las naciones se fundan sobre cimientos irregulares, sobre gente humilde, mezclada, muchas veces despreciada por los que se creían de mejor cuna.

El Perú es hijo de esa mezcla. Su fortaleza no está en una pureza inventada, sino en la variedad de sus orígenes, en los migrantes, los provincianos, los hijos de nadie que hicieron patria. Reconocer ese linaje diverso no es un gesto sentimental, es un principio republicano. La ciudadanía no se hereda por sangre, se ejerce por conducta. Lo que funda a una nación no es la nobleza de sus ancestros, sino la dignidad de sus decisiones.

Los cimientos humildes de toda grandeza

Toda casa firme se apoya en cimientos que nadie ve. Y los cimientos de una nación no suelen ser gloriosos. Son las manos anónimas que labraron la tierra, los que migraron sin nada, los que fueron marginados y aun así construyeron. La memoria oficial prefiere los héroes de bronce, pero la República real la levantaron millones de nombres que ningún monumento recuerda.

Por eso desconfío del político que exhibe su origen como credencial, sea para presumir cuna o para explotar pobreza. Ambos convierten el pasado en coartada. El primero cree merecer por herencia; el segundo pretende cobrarle a todos por su carencia. La verdad republicana es más sobria. El origen te da una historia, no un privilegio ni una excusa. Lo que hagas con esa historia es lo único que te define.

En un país de tan hondas desigualdades, este principio es explosivo y liberador. Significa que el hijo del cañaveral y el hijo del country se someten a la misma vara, la de sus obras. No hay destino escrito en el apellido. La movilidad social no es una promesa de campaña, es la prueba de que una nación cumple su pacto fundamental, el de que aquí cualquiera, viniendo de donde venga, puede llegar a donde su esfuerzo y su decencia lo lleven.

LA OTRA CARA

El mito del hombre hecho a sí mismo

Pero decir que el origen no es destino no significa que todos partan del mismo lugar. Sería cruel y falso pretender que el que nació sin agua, sin escuela y sin justicia compite en igualdad con el que lo tuvo todo. La meritocracia sin piso mínimo es una trampa, porque premia la suerte de la cuna y la disfraza de esfuerzo.

El «hombre hecho a sí mismo» casi siempre olvida los hombros sobre los que se paró. Reconocer que el origen no encadena no exime al Estado de nivelar la cancha. Al contrario, lo obliga. Solo cuando hay un piso común, el mérito deja de ser un privilegio heredado.

El apellido como argolla

El culto al linaje tiene una versión peruana muy concreta, las argollas. Círculos cerrados donde el apellido, el colegio o el club deciden quién entra a los cargos y quién queda afuera, sin importar el talento. Es la nobleza informal de una república que se dice igualitaria.

Cada puesto entregado por sangre o por amistad es un puesto robado al mérito. La argolla no solo es injusta, también es ineficiente, porque cambia capacidad por lealtad. Una nación que premia el origen antes que la obra se condena a ser gobernada por los mediocres bien nacidos.

AFORISMOS

  1. El origen te da una historia; nunca un privilegio ni una excusa. — JFT
  2. La ciudadanía no se hereda por sangre: se ejerce por conducta. — JFT
  3. Toda nación firme se levanta sobre cimientos que nadie aplaude. — JFT
  4. La argolla cambia capacidad por lealtad y llama a eso confianza. — JFT
  5. El mérito sin piso mínimo es solo la suerte de la cuna disfrazada. — JFT

PROPUESTAS

  1. Garantizar un piso común real —agua, escuela digna, salud, justicia cercana— para que la igualdad de oportunidades deje de ser un eslogan.
  2. Instaurar concursos públicos abiertos y verificables para los cargos del Estado, con perfiles claros que corten el poder de las argollas.
  3. Fortalecer la educación pública descentralizada como principal máquina de movilidad social del país.
  4. Reconocer y proteger la memoria de las comunidades y migrantes que construyeron el país, integrándola en la identidad nacional sin folclorizarla.
  5. Medir el éxito de una gestión por cuántos jóvenes de origen humilde acceden a oportunidades reales, no por obras de cemento inaugurables.