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2609-05 La norma sirve

2609-05

La regla existe para proteger a la gente, no la gente para servir a la regla.

Hay un momento en que la norma se olvida de su origen. Nació para ordenar la convivencia y proteger a las personas, pero con el tiempo empieza a exigir que las personas la sirvan a ella. El reglamento se vuelve fin en sí mismo, el trámite se convierte en muro y el funcionario aprende a decir 'no se puede' como si esa frase fuera la ley suprema. Cuando eso ocurre, el orden se ha vuelto contra su propósito.

El criterio para juzgar cualquier norma es simple y exigente. ¿Sirve a la dignidad de las personas o las somete? Una regla que deja a un ciudadano con hambre frente a un procedimiento, que castiga la necesidad legítima en nombre de la forma, ha perdido su razón de ser. No se trata de despreciar la ley, sino de recordar para qué existe. La formalidad sin sentido es la coartada favorita del que no quiere resolver.

— El formalismo como coartada

En el Perú convivimos con dos abusos opuestos de la norma. Uno es la ilegalidad abierta, la del que pisotea la regla porque el poder o el dinero lo protegen. El otro, más silencioso, es el formalismo, el uso de la regla no para servir sino para trabar, para humillar, para justificar la inacción. El primero roba; el segundo paraliza. Y muchas veces el segundo es coartada del primero.

El ciudadano lo padece a diario. La madre que no accede a un beneficio porque le falta un sello, el pequeño empresario ahogado en trámites diseñados para el trámite mismo, el paciente que espera un permiso mientras la enfermedad avanza. En cada caso, alguien invoca la norma con cara de virtud para no hacer lo que la norma justamente buscaba, que era proteger a esa persona. La letra se usa contra el espíritu que le dio vida.

La autoridad decente hace lo contrario. Conoce la regla tan bien que sabe para qué fue escrita, y por eso puede aplicarla con sentido en lugar de esconderse detrás de ella. No confunde legalidad con formalismo ni flexibilidad con arbitrariedad, sino que distingue el fin que la norma protege del ritual que la burocracia añadió. Servir a la ley es servir a su propósito, y su propósito siempre fue la persona.

LA OTRA CARA

— Cuando la forma tapa la injusticia

El formalismo tiene un uso perverso, porque sirve para bloquear lo justo y, a la vez, para blindar lo injusto. Al débil se le exige cada requisito con rigor implacable; al poderoso se le encuentran atajos y excepciones. La misma norma que es muro para el ciudadano común es puerta giratoria para el que tiene con qué.

Por eso el exceso de trámite rara vez es neutral. Detrás de la traba suele haber un interés, el de quien cobra por saltarla, el de quien no quiere que ciertos derechos se ejerzan, el de quien confunde su comodidad con el orden público. Simplificar no es debilitar la ley, sino devolverle su honestidad.

— El otro extremo: la regla como estorbo

Cuidado, sin embargo, con el discurso fácil que usa 'la gente primero' para saltarse toda norma cuando conviene. El que decide caso por caso según su humor, invocando el sentido común para violar la ley, abre la puerta a la arbitrariedad, que es tan enemiga del ciudadano como el formalismo.

El equilibrio no está en despreciar la regla sino en subordinarla a su fin. La norma debe cumplirse, pero interpretada a la luz de para qué existe. Ese discernimiento, y no la trampa ni el capricho, es lo que separa al servidor público del burócrata y del arbitrario.

AFORISMOS

  1. La regla existe para proteger a la gente, no la gente para servir a la regla. — JFT
  2. El formalismo es la coartada favorita del que no quiere resolver. — JFT
  3. La misma traba que es muro para el débil es puerta giratoria para el poderoso. — JFT
  4. Servir a la ley es servir a su propósito, y su propósito siempre fue la persona. — JFT
  5. Simplificar no debilita la ley: le devuelve la honestidad. — JFT

PROPUESTAS

  1. Impulsar la simplificación administrativa eliminando requisitos que no protegen a nadie y solo encarecen o retrasan el ejercicio de derechos.
  2. Consagrar el principio de que ante la duda razonable se resuelve a favor del ciudadano y no del trámite.
  3. Sancionar el uso del formalismo como forma de inacción o de extorsión encubierta por parte de funcionarios.
  4. Exigir que toda exigencia procedimental esté justificada por un fin concreto de protección, bajo pena de eliminarse.
  5. Digitalizar e interoperar los servicios públicos para que el Estado deje de pedirle al ciudadano lo que el propio Estado ya tiene.