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2608-29 Poder sin contrapesos

2608-29

El poder que no rinde cuentas a nadie termina obedeciendo solo a su capricho.

Hay una enfermedad específica del poder: la que aparece cuando ya no encuentra límites. El gobernante que no responde ante nadie, que acumula décadas sin control y confunde el Estado con su casa, deja poco a poco de gobernar para empezar a disponer. Las personas se vuelven piezas, la ley se vuelve estorbo y la vida ajena, un detalle negociable en la mesa de sus intereses.

El abuso no siempre grita: muchas veces sonríe en medio de un banquete. Se pacta entre brindis, se sella con un juramento liviano, se ejecuta para no quedar mal ante los invitados de siempre. Así se silencia al que denuncia, no por convicción, sino por vanidad y por miedo a perder la aprobación de la corte. La debilidad moral disfrazada de firmeza es el rostro más común de la tiranía.

La corte que aplaude y la voz que incomoda

El poder absoluto no se construye de un golpe. Se acumula en la costumbre: años sin alternancia, cargos sin fiscalización, un entorno que solo dice que sí. Alrededor del que manda sin freno crece siempre una corte que vive de su favor y le devuelve, en aplausos, la ilusión de ser querido cuando en realidad solo es temido. Esa corte es el verdadero muro que aísla al poder de la realidad.

En ese círculo, la voz que denuncia se vuelve insoportable. No porque mienta, sino porque dice la verdad en voz alta. El poder sin límites no tolera el espejo: prefiere eliminar al que lo refleja antes que corregirse. Y lo hace con un ropaje de legalidad o de venganza personal, para que el crimen parezca trámite y la arbitrariedad parezca justicia.

La república existe precisamente para impedir esto. Contrapesos, alternancia, prensa libre, jueces independientes y una ciudadanía que exige cuentas no son adornos institucionales: son el freno que evita que un hombre disponga de la vida y la dignidad de los demás como quien acomoda las sillas de su salón. Donde ese freno se debilita, el capricho de uno se convierte en ley para todos.

LA OTRA CARA

El juramento liviano

El poder impulsivo se ata a sus propias palabras dichas sin pensar. Promete en caliente, jura ante la galería y luego, por no desdecirse frente a los suyos, comete la injusticia. La vanidad de quedar bien pesa más que la vida o el derecho del otro.

Un gobernante maduro sabe retractarse de un error a tiempo; el inmaduro prefiere sostener la falta para no admitir debilidad. Pero rectificar no es debilidad: es la única fuerza que salva a la autoridad de convertirse en rehén de su propio orgullo.

El precio de denunciar

En los sistemas sin contrapesos, denunciar cuesta la libertad, el empleo o la vida. Por eso el silencio se generaliza: la gente calcula que hablar no cambia nada y sí destruye a quien habla. El miedo administra mejor que cualquier decreto.

Proteger al que denuncia no es un gesto humanitario aislado, es la piedra angular de la lucha contra la corrupción. Donde la voz incómoda encuentra amparo, el poder deja de ser intocable; donde queda a la intemperie, el abuso se hace costumbre.

AFORISMOS

  1. El poder sin contrapeso no gobierna: dispone. — JFT
  2. Toda corte que solo aplaude es el muro que aísla al que manda de la verdad. — JFT
  3. Rectificar a tiempo no debilita a la autoridad: la salva de su orgullo. — JFT
  4. Cuando denunciar cuesta la vida, el silencio ya es política de Estado. — JFT
  5. La tiranía no siempre grita; a veces sonríe entre brindis. — JFT

PROPUESTAS

  1. Garantizar límites reales al ejercicio del poder mediante alternancia, control parlamentario efectivo e independencia de los órganos de justicia.
  2. Establecer protección integral, reservada y verificable para denunciantes de corrupción y abuso de autoridad, con sanción a las represalias.
  3. Prohibir y fiscalizar la captura de instituciones autónomas por parte de quien debe ser controlado por ellas.
  4. Transparentar el entorno de asesores y allegados del poder, evitando que cargos de confianza se conviertan en cortes sin responsabilidad.
  5. Fortalecer a la prensa libre y el acceso a la información pública como contrapesos indispensables frente a la concentración del poder.