2608-28
La crisis no avisa la hora; solo pregunta quién se preparó.
Toda comunidad enfrenta tarde o temprano una noche larga: un desastre, una recesión, una emergencia sanitaria. Lo que distingue a un pueblo bien gobernado de uno abandonado no es haber evitado la tormenta, sino haber guardado reservas para atravesarla. Prever es la forma más humilde y más difícil de la política, porque exige trabajar hoy por un riesgo que quizá llegue mañana.
La imprevisión tiene un rostro amable: siempre encuentra excusas para postergar. El combustible de reserva parece un gasto inútil hasta la medianoche en que el motor se apaga a mitad de camino. Gobernar es sostener esa incomodidad: destinar recursos, planes y capacidades a contingencias que nadie aplaude mientras no ocurren, y que todos reclaman cuando ya es tarde.
El arte de guardar para la noche larga
El Perú conoce demasiado bien el costo de la improvisación. Cada emergencia nos encuentra corriendo a comprar lo que debimos tener guardado, contratando de urgencia lo que debimos planificar, lamentando la reserva que nunca constituimos. La factura de no prever siempre la pagan los más pobres, que no tienen colchón propio para amortiguar la crisis.
Prever no es adivinar el futuro, es respetarlo. Es aceptar que la incertidumbre es la única certeza y organizar el Estado para responder sin depender del milagro. Un país serio mantiene stocks estratégicos, fondos de estabilización, protocolos ensayados y equipos entrenados antes de necesitarlos. La prudencia se construye en la calma, porque en la emergencia ya no hay tiempo de fabricarla.
Y hay una lección dura en toda previsión: la reserva no siempre se puede compartir a último momento. Quien no se preparó no puede exigir que el previsor le traspase su preparación cuando el tanque ya está en cero. Por eso la solidaridad verdadera se organiza antes, como sistema, y no se improvisa como favor desesperado en la puerta cerrada de la crisis.
LA OTRA CARA
El costo invisible de postergar
La imprevisión rara vez se castiga en el momento en que se comete. El funcionario que no constituyó la reserva ya no está cuando estalla la emergencia; el que improvisa hereda el vacío. Así la política premia al que corta el gasto prudente y culpa al que llega a apagar el incendio.
Romper ese incentivo perverso es tarea de Estado. Hay que valorar la prevención como se valora la obra: con indicadores, con presupuesto protegido y con reconocimiento a quien evita el desastre que nunca veremos, precisamente porque supo prepararlo.
La falsa economía
Recortar en preparación parece ahorro y es deuda. Lo que se deja de invertir en previsión se paga multiplicado en la emergencia, con vidas, con caos y con sobreprecios. El vehículo sin combustible no es más barato: solo aplaza su costo hasta el peor momento.
Un gobierno maduro entiende que la reserva no es un lujo ni desconfianza en la suerte, sino la condición de la libertad frente a lo imprevisto. Preparados, decidimos; desprevenidos, solo reaccionamos a lo que otros o el azar deciden por nosotros.
AFORISMOS
- Prever es respetar el futuro sin pretender adivinarlo. — JFT
- La reserva parece gasto inútil hasta la noche en que salva. — JFT
- Improvisar en la emergencia es pagar el precio de la calma que no se usó. — JFT
- La solidaridad seria se organiza antes; después ya es solo lástima. — JFT
- Recortar en prevención no ahorra: solo aplaza la cuenta y la agranda. — JFT
PROPUESTAS
- Constituir y auditar reservas estratégicas de medicamentos, insumos y equipos para emergencias sanitarias y desastres naturales, con reposición permanente.
- Blindar presupuestalmente los fondos de estabilización y contingencia para que no sean sacrificados en años de bonanza por gasto de corto plazo.
- Institucionalizar simulacros y protocolos de respuesta ensayados por sectores y gobiernos regionales antes de cada temporada de riesgo.
- Crear indicadores de prevención que reconozcan y premien a la gestión que evita desastres, no solo a la que los atiende.
- Fortalecer los sistemas de alerta temprana y la planificación territorial para reducir la exposición de las poblaciones más vulnerables.