Ir al contenido

2608-27 Servir a tiempo

2608-27

El poder que cree que nadie lo mira es el que primero se corrompe.

Toda autoridad recibe algo que no le pertenece: un cargo, un presupuesto, una porción de vida ajena puesta bajo su cuidado. No es dueña, es administradora. La diferencia entre servir y aprovecharse se juega en un solo punto: si la autoridad cumple su función cuando siente que la observan y también cuando cree que nadie la controla.

El buen gobierno no se demuestra en los actos protocolares, sino en la gestión cotidiana y anónima: entregar a tiempo lo que la gente necesita, no distraerse del deber, no confundir la demora de la fiscalización con la impunidad. El poder mediocre razona distinto: como la rendición de cuentas tarda, se relaja, abusa de los que tiene debajo y confunde el cargo con un botín.

La vigilancia que sostiene la república

Hay una tentación silenciosa en toda función pública: pensar que el control está lejos. Que la auditoría llegará dentro de años, que el periodista no se enterará, que el ciudadano ya se olvidó. En ese hueco temporal entre el acto y su fiscalización se cuela casi toda la corrupción peruana. No nace de la maldad espectacular, sino de la certeza de que nadie mirará a tiempo.

Por eso la vigilancia no es desconfianza, es respeto por la cosa pública. Una institución sana no espera a que el vigilante llegue: actúa como si estuviera siendo observada siempre, porque sabe que administra lo que es de todos. El funcionario que sirve a tiempo no teme la fiscalización; la considera aliada, porque su trabajo resiste cualquier revisión.

El que gobierna de verdad entiende que su puesto es prestado y que rendirá cuentas, si no ante un órgano, sí ante la historia y ante la gente. Esa conciencia lo mantiene despierto. La decadencia empieza el día en que una autoridad se dice a sí misma que el control tarda, y decide vivir en ese retraso como quien vive en una fiesta ajena.

LA OTRA CARA

La ilusión de la impunidad

El abuso casi nunca comienza con un gran robo. Comienza con un pequeño cálculo: nadie se dará cuenta, ya lo devolveré, todos lo hacen. Esa aritmética menor es la antesala del saqueo mayor. Quien se acostumbra a que el control no llega, termina creyendo que el control no existe.

La impunidad no es solo la ausencia de castigo: es la anticipación de esa ausencia. El poder que actúa esperando no ser descubierto ya está podrido, aunque todavía no haya sido sorprendido. La república se defiende justamente ahí, acortando la distancia entre la falta y su consecuencia.

El deber que no admite pausa

Servir es entregar a su hora lo que corresponde: la medicina en la posta, el expediente resuelto, la obra terminada. La demora deliberada también es una forma de abuso, porque castiga al que espera y premia al que gestiona su propio provecho.

El funcionario que golpea a los de abajo y se sienta a banquetear con los intereses de siempre ha invertido el sentido de su cargo. Dejó de custodiar para empezar a servirse. Y ningún régimen sobrevive cuando sus administradores confunden la mesa del pueblo con la propia.

AFORISMOS

  1. El cargo es prestado; la conciencia con que se usa es propia. — JFT
  2. La corrupción no espera al malvado: le basta con quien cree que nadie mira. — JFT
  3. Servir a tiempo es la forma más honesta de gobernar. — JFT
  4. La impunidad empieza el día en que alguien apuesta a que el control tarda. — JFT
  5. Quien teme la fiscalización ya confesó cómo administra. — JFT

PROPUESTAS

  1. Reducir el tiempo entre el acto administrativo y su fiscalización, con auditorías concurrentes y no solo posteriores en obras y compras públicas.
  2. Publicar en formato abierto y en tiempo real la ejecución del gasto de cada entidad, para que el control ciudadano no dependa de un informe tardío.
  3. Evaluar a los funcionarios por el cumplimiento oportuno de sus metas de servicio, no por la cantidad de actos protocolares.
  4. Fortalecer la carrera y la autonomía de los órganos de control interno para que fiscalicen sin temor a represalias del propio jefe fiscalizado.
  5. Establecer consecuencias efectivas para la demora deliberada de trámites esenciales que afectan derechos de las personas.