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2608-16 No rendirse

2608-16

La burocracia se cansa antes que el ciudadano que no deja de insistir.

Hay un poder callado en la insistencia. Frente a la ventanilla que ignora, al trámite que se pierde y a la respuesta que nunca llega, el ciudadano tiene una sola arma: no irse. La perseverancia no es terquedad; es la forma más digna de exigir un derecho a un sistema diseñado para que te canses primero.

Toda burocracia indiferente apuesta al agotamiento del solicitante. Sabe que la mayoría abandona, que el silencio disuade y que la demora rinde. Por eso el que persiste rompe el cálculo: obliga a la máquina a responder lo que quería postergar hasta el olvido. La ciudadanía madura no se mide solo por saber sus derechos, sino por no soltarlos ante el primer portazo.

El derecho de quien no se cansa

En el Perú, negar sin negar es un arte del Estado. No te dicen que no; simplemente no responden. Te derivan, te piden otro requisito, te mandan a una cola distinta, y confían en que abandones. El silencio administrativo es una forma de rechazo que no se atreve a firmar. Contra esa estrategia del cansancio, la insistencia del ciudadano no es un capricho: es la única manera de convertir un derecho en papel en un derecho real.

Hay dignidad en el que vuelve. En el que regresa por tercera vez con la misma carpeta, en el que no acepta el evasivo vuelva mañana, en el que exige por escrito lo que le negaron de palabra. Esa perseverancia es incómoda para el funcionario acostumbrado a que la gente se resigne, y por eso mismo es valiosa. El ciudadano que insiste no solo defiende su caso: le enseña al sistema que hay quien no se deja vencer por el desgaste.

La perseverancia, además, contagia. Cuando uno logra que lo atiendan después de insistir, abre un camino para los que vienen detrás. La resignación colectiva es el mejor aliado de la ineficiencia; la insistencia colectiva, su peor enemigo. Un pueblo que aprende a no rendirse ante el maltrato administrativo transforma poco a poco a un Estado que solo respetaba a los que tenían con qué presionar. La constancia democratiza el acceso que el privilegio siempre tuvo garantizado.

LA OTRA CARA

La insistencia del poderoso

Conviene, sin embargo, mirar la otra insistencia: la del que ya tiene poder y la usa para saltarse la cola. No todos perseveran en igualdad de condiciones. El fuerte insiste con influencias; el débil, solo con paciencia. Y cuando el sistema premia la presión del poderoso y castiga la del humilde, la perseverancia deja de ser virtud y se vuelve privilegio.

El objetivo no es que solo insista el que puede, sino que nadie necesite insistir tanto. Una administración justa responde al derecho, no a la capacidad de fastidiar. Reclamar que el ciudadano no se rinda no puede volverse excusa para un Estado que solo funciona a fuerza de reclamos.

El desgaste como método

Hay que nombrar la trampa: convertir el agotamiento en política. Cuando la demora deja de ser una falla y pasa a ser una estrategia para desalentar demandas legítimas, el Estado abandona su función y se vuelve un muro. El cansancio no es un efecto colateral: es el producto buscado.

Contra eso no basta la paciencia del ciudadano; hace falta rediseñar el sistema para que la respuesta sea la regla y el silencio, la falta sancionada. La perseverancia individual es admirable, pero no debería ser el único camino hacia lo que ya es un derecho. Un buen Estado hace innecesaria la testarudez.

AFORISMOS

  1. La burocracia se cansa antes que el ciudadano que no deja de insistir. — JFT
  2. El silencio administrativo es un rechazo que no se atreve a firmar. — JFT
  3. El que vuelve por tercera vez le enseña al sistema que no todos se rinden. — JFT
  4. La resignación colectiva es la mejor aliada de la ineficiencia. — JFT
  5. Un buen Estado hace innecesaria la testarudez del ciudadano. — JFT

PROPUESTAS

  1. Hacer efectivo el silencio administrativo positivo en los trámites donde corresponde, de modo que la falta de respuesta oportuna favorezca al ciudadano y no a la inacción del Estado.
  2. Obligar a que toda negativa se emita por escrito, motivada y con plazo, eliminando el rechazo encubierto tras la demora y el reenvío.
  3. Establecer plazos máximos verificables para cada trámite, con responsabilidad funcional del servidor que los incumpla sin causa.
  4. Crear canales gratuitos y accesibles de reclamo y seguimiento para que insistir no dependa de recursos, contactos ni influencias.
  5. Medir a las entidades públicas por su tasa de respuesta efectiva y por el tiempo real de atención, no por la cantidad de trámites recibidos.