2608-14
Un pacto que se rompe por conveniencia nunca fue un pacto: fue una espera.
Toda convivencia descansa sobre acuerdos que se sostienen incluso cuando dejan de convenir. La palabra empeñada vale precisamente porque obliga después, cuando ya cambió el ánimo y aparecieron mejores ofertas. Un compromiso que solo se cumple mientras beneficia no es compromiso: es cálculo disfrazado de lealtad.
Las sociedades frágiles son las que rompen sus pactos por cualquier motivo. Un contrato, una alianza, una Constitución valen por su permanencia, no por su comodidad. Quien busca una excusa para deshacer lo acordado siempre la encuentra; la virtud pública consiste, justamente, en no buscarla. La estabilidad no nace de la fuerza, sino de la certeza de que la palabra dada se cumple.
Lo que se acuerda no se deshace por comodidad
En el Perú hemos hecho de la ruptura una costumbre. Se firman acuerdos para desconocerlos, se juran lealtades para traicionarlas y se invocan las reglas solo mientras favorecen. Cada quien interpreta el pacto como un permiso temporal que caduca apenas aparece una ventaja mayor. Y una comunidad donde nadie honra lo firmado termina gobernada por la desconfianza, que es el impuesto más caro de todos.
El valor de un compromiso no se prueba cuando conviene, sino cuando estorba. Es fácil ser fiel al acuerdo que nos beneficia; la prueba llega cuando cumplirlo cuesta. Ahí se separa al que tiene palabra del que solo tiene conveniencias. Los pactos serios se hicieron para durar más que el humor de quienes los firmaron, y por eso no pueden deshacerse con la misma facilidad con que se celebraron.
Nada corroe tanto la vida institucional como el argumento del motivo cualquiera: siempre hay una razón para no cumplir. Pero si un pacto puede romperse por cualquier pretexto, entonces no protege a nadie. La fuerza de un acuerdo está en que resiste las excusas, incluso las que suenan razonables. Un país serio no es el que nunca discute sus reglas, sino el que no las rompe cada vez que le incomodan.
LA OTRA CARA
El pacto injusto
Existe, es cierto, el compromiso que encadena en lugar de ordenar. No todo acuerdo merece perpetuarse: hay pactos nacidos del abuso, del engaño o de la desigualdad extrema que deben revisarse. La fidelidad no puede convertirse en cárcel para el débil que aceptó bajo presión.
Pero una cosa es corregir un pacto injusto por las vías previstas y otra romperlo por conveniencia. Lo primero es justicia; lo segundo es traición. La diferencia está en el motivo: se revisa lo que dañó a los más frágiles, no lo que dejó de convenir a los más fuertes.
La rigidez sin alma
En el extremo opuesto está el legalismo que cumple la letra y traiciona el espíritu. Hay quien honra el texto del acuerdo mientras vacía su propósito, y llama fidelidad a esa forma de fraude. Cumplir por fuera y sabotear por dentro es otra manera de romper la palabra.
El respeto a los pactos no es rigidez ciega, sino lealtad al fin que los inspiró. Un acuerdo se honra cuando se sirve su propósito, no cuando se lo usa como coartada. La palabra empeñada obliga en su sentido, no solo en su redacción.
AFORISMOS
- La palabra vale porque obliga cuando ya no conviene. — JFT
- Un pacto que se rompe por conveniencia nunca fue pacto: fue una espera. — JFT
- La fidelidad se prueba cuando el acuerdo estorba, no cuando favorece. — JFT
- Si cualquier motivo basta para romper, el acuerdo no protege a nadie. — JFT
- Cumplir la letra y matar el espíritu es otra forma de traición. — JFT
PROPUESTAS
- Fortalecer la seguridad jurídica de los contratos con el Estado, limitando las modificaciones unilaterales a causales objetivas y verificables, no a la mera conveniencia.
- Establecer costos y responsabilidades claras para la ruptura injustificada de acuerdos públicos, de modo que incumplir deje de ser gratuito.
- Diferenciar en la norma la revisión legítima de un pacto lesivo para el más débil de la ruptura oportunista que solo favorece al más fuerte.
- Promover mecanismos de renegociación transparente y de buena fe antes de cualquier resolución de acuerdos de largo plazo.
- Sancionar el cumplimiento formal que vacía el propósito del pacto, evaluando resultados y no solo el apego literal al texto.