2608-13
Quien fue perdonado en grande no puede ahogar al que le debe en pequeño.
Hay una desproporción moral que define a las sociedades injustas: se perdonan fortunas arriba y se persiguen centavos abajo. El poderoso obtiene refinanciamientos, amnistías y olvidos; el pequeño, embargos, cárcel y remate. La misma balanza que se vuelve elástica para el fuerte se convierte en implacable para el débil.
La medida de una república no es cuánto castiga, sino a quién castiga. Cuando la clemencia se reparte según el peso del deudor, la ley deja de ser regla común y se vuelve privilegio. El que recibió indulgencia y luego la niega a otro comete la peor traición: convierte el favor que recibió en látigo contra su semejante.
La balanza que se estira para el fuerte
En el Perú convive una asimetría escandalosa. Grandes deudas se diluyen entre condonaciones, prescripciones y arreglos silenciosos, mientras el pequeño comerciante o el agricultor endeudado enfrentan todo el rigor del sistema. La deuda del poderoso se negocia en despachos; la del humilde se cobra en la puerta de su casa. Y así la clemencia se vuelve mercancía que solo compran los que menos la necesitan.
El problema no es que exista el perdón de deudas: a veces es sensato y hasta necesario para que una economía respire. El problema es su reparto. Cuando el mismo Estado que exonera millonarias cargas a los de arriba embarga la herramienta de trabajo del de abajo, no administra justicia: administra jerarquías. La ley, entonces, ya no protege al débil frente al fuerte, sino al fuerte frente al débil.
La escena más reveladora es la del que fue aliviado y luego aprieta. Recibió una segunda oportunidad y se la niega al siguiente. Esa figura abunda en nuestra vida pública: el que fue rescatado con recursos de todos y después exige al ciudadano una dureza que a él nunca le aplicaron. No hay corrupción más honda que la del beneficiario de la clemencia que se vuelve verdugo de los pequeños.
LA OTRA CARA
El perdón como coartada
Cuidado, no obstante, con el perdón que se disfraza de generosidad para encubrir el saqueo. Hay condonaciones que no alivian a nadie salvo al que ya se llevó todo. Se presentan como medidas sociales cuando en realidad blanquean deudas de quienes nunca pensaron pagar.
La clemencia legítima repara al débil y ordena la economía; la clemencia capturada premia al poderoso y castiga al contribuyente cumplidor. Distinguir una de otra es tarea central de cualquier gobierno decente. El perdón que solo beneficia a los grandes no es misericordia: es un atraco con buena prensa.
El rigor selectivo
En el otro extremo está el rigor que solo se ejerce hacia abajo. El aparato que es lento y comprensivo con el fuerte se vuelve veloz e inflexible con el pequeño. Esa selectividad no es un defecto del sistema: muchas veces es su diseño.
Un Estado justo aplica la misma vara a todos y reserva su mayor comprensión para el más frágil, no para el más poderoso. Cuando el orden se invierte, la ley deja de ser escudo del ciudadano y se convierte en arma de los que ya tienen. La igualdad ante la ley no es un adorno del preámbulo: es la única legitimidad del castigo.
AFORISMOS
- La justicia se mide por a quién perdona, no por cuánto castiga. — JFT
- Perdonar arriba y ahogar abajo no es clemencia: es jerarquía. — JFT
- El rescatado que luego aprieta traiciona el favor que recibió. — JFT
- El perdón que solo alivia al fuerte es un atraco con buena prensa. — JFT
- Igual vara para todos, mayor cuidado para el más débil. — JFT
PROPUESTAS
- Transparentar todo esquema de condonación, fraccionamiento o amnistía tributaria, con publicación abierta de beneficiarios y montos, para evitar que la clemencia se reparta en la sombra.
- Priorizar el alivio de deudas hacia el pequeño productor, el microempresario y el ciudadano vulnerable, no hacia los grandes deudores con capacidad de pago.
- Impedir que el mismo aparato que exonera cargas millonarias aplique embargos desproporcionados sobre herramientas de trabajo de subsistencia.
- Auditar la selectividad de la cobranza estatal para detectar y corregir el rigor que se ejerce solo hacia los sectores sin poder.
- Garantizar en la ley igualdad efectiva de trato en materia de deudas públicas, con sanción a la discrecionalidad que privilegia al poderoso.