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2608-04 La forma vacía

2608-04

No ensucia al país lo que la ley prohíbe, sino lo que el corazón corrompe.

Hay una enfermedad antigua en la vida pública: confundir el cumplimiento de la forma con la práctica de la virtud. Se vigila con lupa el gesto exterior —el requisito, el sello, el protocolo— mientras se deja intacto lo que de verdad corrompe: la intención, el privilegio, el desprecio por el otro.

Cuando la norma se vuelve un fin en sí misma, deja de proteger a las personas y empieza a excluirlas. Se convierte en instrumento para señalar al que no encaja, para discriminar al que no puede cumplir el rito, mientras el poderoso viola el espíritu de la ley amparado en su letra.

El sello no lava las manos

En el Perú abundan las instituciones impecables por fuera y podridas por dentro. Cumplen cada trámite, exhiben cada certificado, y sin embargo sirven a intereses que traicionan su razón de ser. El formalismo se ha vuelto el disfraz preferido de la corrupción: nada más legal en apariencia, nada más sucio en el fondo.

Lo que ensucia la gestión pública no es el requisito omitido por el ciudadano humilde, sino la decisión torcida que se toma con todos los papeles en regla. La contaminación no entra por la puerta del que no supo el procedimiento; sale de la boca del que firma sabiendo que hace daño. El problema nunca fue la mano sin lavar: fue la conciencia sin escrúpulos.

Por eso desconfío de quien mide la honestidad por la cantidad de sellos y no por la calidad de las decisiones. La verdadera integridad no se demuestra con el ritual del cumplimiento, sino con lo que se hace cuando nadie fiscaliza. Un país no se sanea multiplicando trámites: se sanea cambiando corazones y castigando resultados.

LA OTRA CARA

Los guías ciegos

Hay dirigentes que, siendo incapaces de ver el rumbo, pretenden conducir a millones. Repiten fórmulas que ya no significan nada, defienden ritos que perdieron su sentido, y arrastran tras de sí a quienes confían en su autoridad.

El peligro no es solo que se equivoquen: es que otros caigan con ellos en el hoyo. Cuando el ciego guía al ciego, el desastre es colectivo. Por eso la política exige lucidez antes que obediencia, y ojos abiertos antes que fe en el guía.

La ley como excusa

El formalismo tiene un uso perverso: sirve para vaciar de contenido los deberes que incomodan. Se cumple la letra para traicionar el espíritu, se invoca el reglamento para no hacer lo justo, y se llama legalidad a la evasión de la responsabilidad.

Una norma que se usa para no cumplir el fin que la norma persigue ha dejado de ser derecho: es coartada. Y el ciudadano lo intuye. Por eso reclama no más reglas, sino más justicia; no más sellos, sino más verdad en quienes lo gobiernan.

AFORISMOS

  1. No ensucia al país el requisito omitido, sino la decisión torcida con los papeles en regla. — JFT
  2. El formalismo es el disfraz favorito de la corrupción. — JFT
  3. La integridad no se mide en sellos, sino en lo que se hace cuando nadie mira. — JFT
  4. Cuando el ciego guía al ciego, el hoyo es de todos. — JFT
  5. Una ley usada para no cumplir su fin ha dejado de ser derecho: es coartada. — JFT

PROPUESTAS

  1. Simplificar los trámites que hoy excluyen al ciudadano humilde sin combatir la corrupción real del que decide con todo en regla.
  2. Sancionar los resultados dañinos de la gestión pública, no solo el incumplimiento formal de procedimientos.
  3. Rediseñar los controles para que persigan el fondo de las decisiones y no se agoten en la revisión del papeleo.
  4. Exigir a las autoridades transparencia sobre el sentido de sus decisiones, no solo sobre su legalidad aparente.
  5. Formar servidores públicos en ética sustantiva y no únicamente en cumplimiento normativo formal.