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La red lo recoge todo; gobernar es tener el coraje de escoger.
Todo Estado, como una red que se arroja al mar, recoge de todo: talento y mediocridad, servicio honesto y aprovechamiento, obra útil e inversión inútil. La diferencia entre un país que avanza y uno que se estanca está en lo que hace después de recoger: si tiene el coraje de separar lo que sirve de lo que no. Gobernar no es solo pescar oportunidades; es tener el criterio y la firmeza de descartar lo que daña.
La rendición de cuentas es precisamente ese acto de separar. Es sentarse a revisar la pesca y responder por ella: qué funcionó, qué se desperdició, qué debe corregirse. Sin rendición de cuentas, la red se llena de todo y no sirve para nada. Un Estado que nunca separa acumula corrupción junto a virtud, y termina tratándolas igual. Rendir cuentas es devolverle sentido a la red: quedarse con lo bueno y descartar lo malo, a la vista de todos.
El Perú padece una crónica incapacidad de separar. Premiamos y castigamos con la misma tibieza, dejamos que el honesto y el corrupto naveguen en la misma red sin consecuencias distintas. Esa indiferencia es una injusticia: iguala al que sirve con el que abusa. Recuperar la cultura de la rendición de cuentas es recuperar la capacidad de distinguir, y sin distinción no hay justicia posible.
La red y el criterio
Cuando el Estado recoge su red al final de una gestión, aparece de todo mezclado: buenas políticas y clientelismo, funcionarios ejemplares y aprovechados, recursos bien usados y desperdicio. El drama peruano no es que la red recoja de todo —eso es inevitable—, sino que casi nunca nos sentamos a separar. Dejamos que lo bueno y lo malo se confundan, y en esa confusión el mérito se devalúa y el abuso se disimula. Una red que no se clasifica no alimenta a nadie.
Separar exige criterio y coraje. Criterio para saber qué sirve; coraje para descartar lo que no, aunque tenga padrinos. Rendir cuentas es el momento en que un gobierno se atreve a mirar su propia pesca sin mentirse. El que rinde cuentas de verdad no maquilla la red: muestra lo que recogió, reconoce lo inútil y responde por ello. El que no rinde cuentas esconde la red entera para que nadie vea cuánto pescado podrido lleva dentro. El Perú ha visto demasiadas redes escondidas.
La rendición de cuentas no es un trámite ni una humillación: es la forma adulta de gobernar. Un Estado que separa lo que sirve de lo que no, y lo hace públicamente, se corrige a tiempo y merece confianza. Uno que nunca separa condena al país a arrastrar el mismo lastre elección tras elección. Al final del día, lo que se recoge se responde: esa es la ley que distingue al servidor del depredador. El Perú necesita gobernantes que no le teman a mostrar su red.
LA OTRA CARA
El costo de no separar
Cuando un Estado no distingue entre lo que sirve y lo que no, el ciudadano paga la mezcla. Paga el programa inútil que nunca se cerró, la obra sobrevalorada que nadie auditó, el funcionario dañino que siguió en su puesto. La ausencia de rendición de cuentas no es neutral: protege al que abusa y desalienta al que sirve. En una red que nunca se clasifica, la mediocridad siempre gana.
Pero hay una ciudadanía que reclama la clasificación. Exige saber en qué se gastó, qué resultó y quién responde. Esa exigencia es sana y es patriótica: obliga al poder a separar en público lo que preferiría mezclar en privado. Un pueblo que pide cuentas enseña a su Estado a distinguir, y un Estado que distingue empieza, por fin, a mejorar.
El pescador que no quiere mirar su red
He visto al poder que teme a su propia pesca. Sabe lo que recogió y por eso no lo muestra: prefiere la red cerrada, el balance opaco, la memoria institucional que nadie lee. Ese miedo a rendir cuentas siempre delata lo mismo: la certeza de que, si se separara lo bueno de lo malo, quedaría demasiado poco de lo primero.
El que esconde su red confiesa lo que lleva dentro. La transparencia no es un adorno de la democracia: es su columna vertebral. Un gobernante que se atreve a vaciar la red sobre la mesa, a la vista de todos, gana algo que ninguna campaña compra: credibilidad. El Perú premiará, tarde o temprano, a quien tenga el coraje de mostrar su pesca completa y responder por ella. Separar lo que sirve empieza por no tenerle miedo a la verdad.
AFORISMOS
- La red lo recoge todo; gobernar es tener el coraje de escoger. — JFT
- Sin rendición de cuentas, la red se llena de todo y no sirve para nada. — JFT
- Rendir cuentas es el momento en que un gobierno se atreve a mirar su propia pesca sin mentirse. — JFT
- El que esconde su red confiesa lo que lleva dentro. — JFT
- Un Estado que no separa iguala al que sirve con el que abusa, y esa es la peor injusticia. — JFT
PROPUESTAS
- Rendición de cuentas obligatoria y comparable al cierre de cada gestión, con formato estándar que permita evaluar resultados, no solo gastos.
- Cierre efectivo de programas sin resultados: evaluación periódica que descarte lo que no sirve en lugar de perpetuarlo por inercia.
- Registro público de auditorías con seguimiento visible de qué observación se corrigió y cuál quedó impune.
- Consecuencias diferenciadas reales: reconocimiento al servidor eficiente y sanción efectiva al que abusa, para que la red deje de igualarlos.
- Portal ciudadano de resultados por entidad, en lenguaje claro, que muestre qué se logró y qué se desperdició cada año.