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2607-26 Saber qué se defiende

2607-26

Quien no sabe qué tesoro guarda, gasta la vida cuidando lo que no vale.

Todo Estado que se respeta empieza por una pregunta incómoda: qué es lo que, si lo perdiéramos, dejaría de hacernos país. No es una pregunta retórica. Es la que ordena el presupuesto, jerarquiza la agenda y separa al gobernante del administrador de urgencias. En el Perú hemos confundido gobernar con apagar incendios, y en esa confusión hemos dejado que lo esencial se financie con las sobras de lo urgente.

Priorizar el gasto no es un ejercicio contable; es un acto moral. Cada partida que se aprueba dice, sin decirlo, qué vidas importan y cuáles pueden esperar. Cuando el Estado reparte sin brújula, no distribuye recursos: distribuye desprecio con la apariencia de equidad. El presupuesto es la biografía secreta de un gobierno. Ahí, y no en los discursos, se lee lo que de verdad defiende.

Defender algo exige antes reconocerlo. Un país que no identifica su tesoro —la educación pública, la salud que llega al último caserío, la institucionalidad que sobrevive a los gobiernos— termina protegiendo lo accesorio y sacrificando lo irreemplazable. La política seria consiste en descubrir dónde está el valor y ordenar todo lo demás alrededor de esa certeza.

El tesoro escondido en el gasto público

Hay una imagen que persigue a quien mira de cerca las cuentas del Estado peruano: la del que encuentra algo valioso y, en lugar de custodiarlo, lo entierra de nuevo bajo capas de trámite. Tenemos escuelas rurales que forman ciudadanos con presupuestos que no alcanzan para la tiza, mientras florecen partidas para lo suntuario. No es escasez lo que nos define; es desorden de prioridades. La plata existe: lo que falta es la decisión de saber para qué.

Priorizar duele porque obliga a elegir, y elegir es renunciar. El funcionario que reparte parejo para no quedar mal con nadie ha decidido, en el fondo, no gobernar. Repartir sin jerarquía es la forma cobarde de decidir. El Perú necesita autoridades que se atrevan a decir en voz alta qué va primero, y que respondan por esa jerarquía cuando la ciudadanía pida cuentas. Lo demás es contabilidad sin conciencia.

El que sabe qué defiende, defiende mejor. Un gobierno que ha nombrado su tesoro —agua limpia, aula digna, hospital que no se cae— gasta con la serenidad del que compró un campo sabiendo lo que había debajo. No lo mueve la encuesta de la semana sino la certeza del largo plazo. Esa es la diferencia entre el estadista y el cajero: uno invierte en lo que perdurará, el otro paga lo que grita más fuerte. El Perú lleva décadas premiando a los cajeros.

LA OTRA CARA

Cuando el tesoro tiene rostro

Detrás de cada prioridad mal puesta hay una persona que espera. La madre que camina tres horas a una posta sin médico no discute teoría presupuestal: encarna la consecuencia de una jerarquía equivocada. El costo de no saber qué se defiende no lo pagan los ministerios; lo paga el ciudadano que confió en que alguien había pensado por él.

Pero hay también una ciudadanía que empieza a exigir esa claridad. Ya no basta con anunciar obras: la gente pregunta por qué esa y no la escuela, por qué el monumento y no el desagüe. Esa pregunta ciudadana es el mejor auditor que tiene el país. Un pueblo que aprende a preguntar dónde está el tesoro obliga a sus gobernantes a dejar de enterrarlo.

El precio de custodiar lo que no vale

Conozco la escena porque se repite en cada gestión: el despacho lleno de expedientes, todos urgentes, ninguno importante. El gobernante que no ha decidido qué defiende termina esclavo de lo que otros deciden por él. Gasta su capital político custodiando cofres vacíos, y cuando llega la hora de lo esencial, ya no le queda ni presupuesto ni voluntad.

El que todo lo protege, nada defiende. La grandeza de un gobierno no se mide por cuánto abarca sino por cuánto se atreve a soltar para sostener lo que importa. Renunciar a lo accesorio no es debilidad: es la única forma seria de tener fuerza cuando de verdad hace falta. El Perú necesita gobernantes que sepan enterrar el ruido y desenterrar el valor.

AFORISMOS

  1. Quien no sabe qué tesoro guarda, gasta la vida cuidando lo que no vale. — JFT
  2. El presupuesto es la biografía secreta de un gobierno. — JFT
  3. Repartir sin jerarquía es la forma cobarde de decidir. — JFT
  4. El que todo lo protege, nada defiende. — JFT
  5. Priorizar duele, porque gobernar es renunciar con propósito. — JFT

PROPUESTAS

  1. Presupuesto por prioridades explícitas: cada pliego debe declarar públicamente sus tres objetivos irrenunciables del año y rendir cuentas sobre ellos.
  2. Tablero ciudadano de gasto en tiempo real, con lenguaje llano, para que cualquier vecino compare lo prometido con lo ejecutado.
  3. Blindaje presupuestal de educación y salud básica: pisos mínimos que ningún recorte coyuntural pueda tocar.
  4. Regla de "primero lo esencial": ninguna obra suntuaria se aprueba si en el mismo ámbito falta agua, posta o escuela funcional.
  5. Auditoría de valor, no solo de legalidad: evaluar si el gasto protegió lo que el país declaró como prioritario.