2607-24
Se puede sembrar la mejor idea; si el suelo no está listo, no habrá cosecha.
Nos hemos acostumbrado a discutir las semillas y a olvidar el terreno. Debatimos leyes, reformas y programas como si bastara con enunciarlos bien para que dieran fruto, y luego nos sorprende que la buena idea muera en el camino. Pero ninguna semilla germina en cualquier suelo. La misma reforma que florece en un país con instituciones sólidas se seca en uno con instituciones erosionadas.
El Perú tiene un problema de terreno. De nada sirve la mejor semilla si el suelo cívico está pisoteado, seco o lleno de espinas. La corrupción es la piedra donde nada arraiga; la desconfianza, el terreno seco; el clientelismo, la maleza que ahoga lo bueno antes de que crezca. Preparar el suelo es tan importante como elegir la semilla, y mucho menos glamoroso.
Ninguna reforma prospera sobre un terreno que no fue preparado. Antes de la próxima gran ley, deberíamos preguntarnos si el país tiene el suelo cívico donde esa ley pueda echar raíces. Sembrar sin preparar es desperdiciar la semilla y luego culpar al cielo.
El suelo que nadie prepara
En cada ciclo electoral asistimos a la misma feria de semillas: promesas brillantes, programas ambiciosos, reformas que sonarían perfectas en cualquier manual. Y en cada ciclo asistimos también a la misma cosecha pobre. No suele fallar la semilla; falla el terreno donde cae. Un país con instituciones débiles, servicios civiles capturados y ciudadanos desconfiados es un suelo pedregoso donde hasta la mejor política se ahoga.
Preparar el terreno es un trabajo ingrato porque no da titulares. Fortalecer una entidad pública, formar funcionarios íntegros, reconstruir la confianza rota, limpiar la maleza del clientelismo: nada de eso corta cintas. El que prepara el suelo rara vez ve la cosecha, pero sin él no hay cosecha para nadie. Por eso escasean los que lo hacen y sobran los que solo quieren sembrar para la foto.
Hay algo profundamente político en esta paciencia. El estadista se distingue del demagogo en que el primero prepara terrenos y el segundo solo reparte semillas. El demagogo promete cosechas inmediatas sobre suelos que sabe estériles; el estadista trabaja el suelo aunque la cosecha la recoja otro. El Perú ha tenido demasiados sembradores de ocasión y muy pocos labradores del suelo cívico. Y en esa proporción se explica buena parte de nuestras frustraciones.
LA OTRA CARA
El terreno también es responsabilidad de todos
Sería injusto pensar que preparar el suelo es solo tarea del gobierno. El terreno cívico lo formamos entre todos: cada acto de honestidad cotidiana lo mejora, cada pequeña tolerancia con la trampa lo empobrece. La calidad de las instituciones es, al final, el reflejo agregado de millones de conductas privadas. No hay suelo fértil sin ciudadanos que lo cuiden.
Esto reparte la responsabilidad sin diluirla. El Estado debe fortalecer las instituciones; el ciudadano debe sostener las normas incluso cuando nadie mira. La una sin la otra fracasa: instituciones fuertes con ciudadanos cínicos se corroen, y ciudadanos virtuosos con instituciones débiles se agotan. El terreno se prepara desde arriba y desde abajo a la vez.
La tentación del atajo
Existe la tentación permanente del atajo: sembrar rápido sobre cualquier suelo y prometer una cosecha que la naturaleza de las cosas no dará. Es la tentación del gobierno que lanza el programa sin construir la capacidad para ejecutarlo, del candidato que ofrece el resultado sin explicar el proceso. El atajo seduce porque ahorra el trabajo lento del terreno.
Todo atajo en política termina siendo el camino más largo. La reforma apurada sobre suelo no preparado no solo fracasa; deja el terreno peor, sembrado de frustración y desconfianza para el que venga después. Preparar el suelo es negarse al atajo, y ese es un acto de coraje político poco reconocido, porque exige renunciar a la gloria de la siembra en nombre de una cosecha que uno quizá no verá.
AFORISMOS
- Se puede sembrar la mejor idea; si el suelo no está listo, no habrá cosecha. — JFT
- De nada sirve la mejor semilla si el suelo cívico está pisoteado. — JFT
- El que prepara el suelo rara vez ve la cosecha, pero sin él no hay cosecha para nadie. — JFT
- El estadista prepara terrenos; el demagogo solo reparte semillas. — JFT
- Todo atajo en política termina siendo el camino más largo. — JFT
PROPUESTAS
- Priorizar el fortalecimiento institucional —servicio civil meritocrático y estable— como condición previa a toda gran reforma sectorial.
- Acompañar cada nueva política pública de un plan verificable de capacidades de ejecución, sin el cual no se apruebe su lanzamiento.
- Invertir de forma sostenida en la formación ética y técnica de funcionarios públicos, con evaluación independiente de resultados.
- Reducir la maleza del clientelismo mediante transparencia total en la asignación de programas sociales y contrataciones.
- Establecer indicadores de "salud del terreno" institucional —confianza, integridad, continuidad— que se midan y publiquen periódicamente.