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2607-20 Gobernar no es actuar

2607-20

El que gobierna para la cámara ya renunció a gobernar para el país.

En el Perú se ha instalado la costumbre de confundir el anuncio con la obra. Cada semana un funcionario descubre una placa, corta una cinta, se fotografía frente a una máquina detenida, y la fotografía viaja más rápido que el resultado que promete. La política peruana ha aprendido a vivir del gesto: el ministro que exige una señal para creer, el candidato que pide un aplauso para existir. Pero la señal que se pide como prueba suele ser la coartada del que no tiene fondo.

Gobernar no es actuar. Es sostener decisiones cuando la cámara ya se apagó, cuando nadie mira, cuando el aplauso migró a otra escena. La autenticidad no necesita espectáculo; el espectáculo, en cambio, necesita esconder que no hay autenticidad. El país que se acostumbra a exigir señales termina gobernado por ilusionistas, no por estadistas.

Hay una diferencia moral entre quien pide una prueba porque quiere aprender y quien pide un espectáculo porque no piensa creer nunca. El Perú ha tenido demasiados de los segundos: los que reclaman milagros para no comprometerse con la reforma lenta, la que no da titulares pero sí resultados.

La generación que pide señales

Conozco el gesto. Lo he visto en salones oficiales y en plazas polvorientas: la autoridad que se para frente al micrófono con la sonrisa ensayada del que ya calculó cuántos segundos durará en pantalla. No viene a informar; viene a aparecer. Y la aparición, cuando reemplaza a la gestión, es una forma elegante de abandono.

El problema no es la cámara. El problema es el hombre que se organiza alrededor de ella. He conocido gestores anónimos que arreglaron un colegio sin que nadie escribiera su nombre, y he visto operadores brillantes del titular cuyo único legado fue el archivo de sus propias fotografías. La historia del Perú se escribe con los primeros y se cuenta con los segundos, y en esa distancia se pierde la República.

Un pueblo que pide señales termina eligiendo magos. La madurez cívica empieza cuando el ciudadano deja de aplaudir el anuncio y aprende a preguntar por el resultado. No se trata de negar el gesto público —la política tiene su liturgia—, sino de no confundir la liturgia con la sustancia. El que solo tiene liturgia, tarde o temprano, queda desnudo ante la obra que nunca hizo.

LA OTRA CARA

Lo que el ciudadano también actúa

Sería cómodo cargar toda la culpa en el gobernante. Pero el espectáculo se sostiene porque tiene público. Buena parte de la ciudadanía también actúa: exige soluciones inmediatas, castiga la reforma que tarda, premia al que promete lo imposible y desprecia al que explica lo difícil. La demagogia no es solo un vicio de los que mandan; es un contrato entre el que promete de más y el que exige de más.

Recomponer ese contrato es tarea de dos partes. El gobernante debe renunciar al gesto vacío; el ciudadano debe renunciar a la impaciencia mágica. Una democracia adulta no es la que aplaude más fuerte, sino la que sabe esperar el fruto sin dejar de vigilar el terreno.

El político sin cámara

Imagino al político que gobierna como si nadie lo estuviera grabando. Llega temprano, revisa el expediente que nadie leerá, corrige el error que nadie notará, y se va sin foto. Ese hombre, en el Perú de hoy, parece un personaje de otra época, casi un excéntrico. Y sin embargo es el único que deja algo detrás.

La obra que dura es la que no se anunció. Lo he comprobado: los puentes que resisten las crecidas los construyó alguien que ya nadie recuerda, mientras los puentes de la retórica se los llevó la primera lluvia. Quizá la reforma más urgente del país no sea administrativa sino cultural: aprender a valorar lo que se hace por encima de lo que se muestra.

AFORISMOS

  1. El que gobierna para la cámara ya renunció a gobernar para el país. — JFT
  2. Un pueblo que pide señales termina eligiendo magos. — JFT
  3. La obra que dura es la que no se anunció. — JFT
  4. El gesto sin fondo es la coartada del que no tiene obra. — JFT
  5. La autenticidad no aplaude; trabaja. — JFT

PROPUESTAS

  1. Prohibir la difusión con fondos públicos de anuncios de obras que no cuenten con expediente técnico aprobado y financiamiento asegurado.
  2. Publicar un tablero ciudadano en línea que compare cada obra anunciada con su nivel real de ejecución física y financiera.
  3. Vincular la evaluación de los altos funcionarios a metas de resultado verificables, no a menciones en prensa ni a actos inaugurales.
  4. Establecer que toda inauguración incluya la fecha de inicio, el costo final y el nombre del responsable técnico, para hacer trazable la promesa.
  5. Crear un reconocimiento público anual a la gestión silenciosa: obras terminadas a tiempo y dentro de presupuesto, sin campaña.