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2607-19 Discernir sin mutilar: tolerancia y firmeza

2607-19

Arrancar la mala hierba antes de tiempo es arrancar también el trigo; la prudencia sabe esperar la cosecha.

Toda sociedad convive con lo bueno y lo malo entreverados, y ahí nace uno de los dilemas más difíciles del poder: cómo combatir el mal sin destruir el bien que crece a su lado. La tentación autoritaria es simple y brutal: arrancarlo todo, purgar, limpiar de raíz. Pero quien arranca sin discernir mutila también lo sano. La firmeza sin criterio no es justicia, es demolición.

Discernir es la virtud política más exigente porque obliga a distinguir sin destruir. Reconocer que no toda diferencia es amenaza, que no todo lo que estorba debe eliminarse, que la paciencia puede ser más eficaz que la tijera. La tolerancia madura no es indiferencia ante el mal: es la sabiduría de saber cuándo cortar y cuándo esperar. El apuro por limpiar suele dejar el campo más pobre que la maleza que combatía.

El Perú conoce bien la tentación de las purgas. Cada nuevo poder llega prometiendo arrancar de raíz lo anterior, y en el arranque se lleva también lo que servía. Instituciones desmanteladas por castigar a quienes las ocupaban, políticas útiles canceladas por venir del adversario. La firmeza que no discierne empobrece al país en nombre de limpiarlo.

La tijera impaciente

He visto la tijera impaciente en acción. El poder recién llegado que quiere borrar todo lo anterior, que confunde renovar con destruir, que arranca la mala hierba sin advertir que se lleva el trigo prendido en la misma mano. Hay una soberbia en creerse capaz de distinguir a primera vista el bien del mal en un campo entero. La realidad es más mezclada, y el que no lo entiende siembra desierto donde creía sembrar orden.

El discernimiento exige algo que la política detesta: tiempo. Esperar a que la cosecha revele lo que fue trigo y lo que fue maleza. Tolerar temporalmente lo dudoso para no destruir lo valioso. Es incómodo, es lento, no da titulares. Pero el que arranca con prisa suele descubrir, cuando ya es tarde, que lo que quitó era la raíz que sostenía el resto. La prudencia no es tibieza: es respeto por la complejidad de lo real.

Firmeza y tolerancia no son opuestos, son socios. La firmeza sin tolerancia es fanatismo; la tolerancia sin firmeza es abandono. El arte de gobernar está en sostenerlas juntas: ser firme en los principios y paciente en los tiempos, intransigente con el mal probado y prudente con lo que aún no se ha revelado. El que domina esa tensión gobierna una nación; el que la pierde, arrasa un campo.

LA OTRA CARA

Tolerar no es consentir

Cuidado con el reverso: la tolerancia mal entendida que se vuelve complicidad. Hay males que no hay que esperar a que "la cosecha revele", porque su daño es evidente y crece cada día que se posterga. La corrupción probada, el abuso flagrante, la injusticia palmaria no piden paciencia: piden acción. Confundir discernimiento con demora indefinida es dejar que la maleza ahogue el trigo mientras se delibera.

El equilibrio vuelve a ser la clave. Discernir no significa nunca cortar; significa cortar bien y a tiempo lo que de verdad daña, y respetar lo que solo es distinto. La tolerancia no es un cheque en blanco al mal, es una defensa del bien que convive con lo dudoso. Un país serio sabe que hay hierbas que se arrancan hoy y semillas que se dejan crecer para juzgarlas después.

El juez apresurado

Hay una figura peligrosa en toda transición de poder: el juez apresurado, el que sentencia antes de entender, el que reparte culpas e inocencias con la seguridad del que nunca dudó. Su prisa se disfraza de justicia, pero es soberbia. Cree ver con claridad lo que apenas empieza a distinguirse, y en su afán de limpiar condena a inocentes junto a culpables. La historia lo recordará por sus errores, no por su celo.

Yo desconfío de la certeza fácil en materia de juzgar. El campo humano es mezclado, las intenciones se ocultan, el bien y el mal crecen a veces de la misma raíz. Reconocer esa complejidad no es relativismo, es honestidad. El buen gobernante juzga cuando la cosecha madura, no cuando su impaciencia lo exige. Y esa capacidad de esperar sin claudicar, de discernir sin mutilar, es tal vez la marca más alta de un poder civilizado.

AFORISMOS

  1. Arrancar la mala hierba antes de tiempo es arrancar también el trigo. — JFT
  2. La firmeza sin criterio no es justicia, es demolición. — JFT
  3. La firmeza sin tolerancia es fanatismo; la tolerancia sin firmeza es abandono. — JFT
  4. El que arranca con prisa siembra desierto donde creía sembrar orden. — JFT
  5. Discernir sin mutilar es la marca más alta de un poder civilizado. — JFT

PROPUESTAS

  1. Continuidad de políticas públicas exitosas por encima del ciclo político: evaluación técnica antes de cancelar programas del gobierno anterior.
  2. Debido proceso reforzado en toda depuración institucional, para separar responsabilidades individuales sin desmantelar instituciones enteras.
  3. Comisiones de evaluación independientes que distingan lo que debe corregirse de lo que debe conservarse en cada transición de gestión.
  4. Protección de la carrera pública meritocrática frente a purgas por afinidad política.
  5. Cultura del disenso tolerado en el debate institucional: reglas que protejan la diferencia legítima de la persecución.