2607-14
Al que se le dio la ciudad entera, no se le pedirá una calle: se le pedirá la ciudad.
Hay un principio que ninguna república debería olvidar y que el Perú olvida cada cinco años: quien recibió más está obligado a más. No es una consigna moral, es una regla de proporción política. A las ciudades que concentraron presupuesto, obra pública, cámaras, universidades y voz en los medios se les debe exigir un estándar mayor que a los caseríos que nunca vieron pasar el Estado. Y sin embargo ocurre lo contrario: perdonamos a los poderosos su esterilidad y castigamos a los olvidados su rezago.
La responsabilidad crece con el privilegio, no con la carencia. Un ministerio con edificio propio, flota, asesores y partida asegurada no puede rendir el mismo informe que una municipalidad distrital que recauda menos de lo que gasta en luz. A quien todo se le entregó, poco se le tolera la excusa. Esa es la vara que la política peruana se niega a usar, porque medir con ella deja al descubierto a los de siempre.
El país no se hunde por lo que no tuvo, sino por lo que malbarató teniéndolo. Las regiones más ricas en canon exhiben las escuelas más pobres; las instituciones mejor financiadas producen los peores resultados. No es mala suerte: es responsabilidad esquivada. Reconocerlo es el primer acto de decencia pública.
El privilegio que no rinde cuentas
Conozco el gesto. Lo he visto en despachos con aire acondicionado y en discursos con aplauso pagado. El funcionario que recibió una cartera entera y la administra como quien cuida un jarrón prestado: sin romperlo, pero sin usarlo. Le dieron una ciudad y devuelve una postal. Le confiaron un pueblo y entrega una foto. El privilegio, cuando no rinde, no es neutro: es una deuda que crece en silencio.
Uno aprende a leer las manos antes que las palabras. Las manos del que gestionó están gastadas; las del que solo ocupó, intactas. Hay autoridades que terminan su mandato con las uñas limpias y la conciencia también, porque nunca tocaron nada. Y hay un país entero esperando afuera, con la paciencia gastada de quien financió con sus impuestos una obra que jamás vio levantarse. La factura moral de esa gente algún día se cobra, y se cobra en las urnas o en las calles.
Lo severo no es exigir. Lo severo es haber recibido tanto para devolver tan poco. El Perú no necesita más recursos en manos de los mismos; necesita que los mismos respondan por los recursos que ya tuvieron. Mientras no exista esa contabilidad, cada elección será una amnistía disfrazada de renovación.
LA OTRA CARA
El que recibió poco y aun así respondió
Frente al privilegiado estéril está el modesto que multiplicó. La maestra rural que con un aula de adobe formó profesionales, el alcalde de un distrito sin canon que asfaltó con ingenio y honradez lo que otros no hicieron con millones. La responsabilidad no se mide por el punto de partida sino por la distancia recorrida. Y esa distancia, casi siempre, la recorren los que menos tenían.
Aquí hay una injusticia estructural que la política debe corregir. Premiamos la cuna y castigamos el esfuerzo; damos tribuna al que heredó posición y silencio al que la construyó. Un país serio invierte su vara: exige a los poderosos y acompaña a los que empiezan de abajo. Lo contrario es consagrar la desigualdad y llamarla mérito.
La amnistía silenciosa de los de siempre
Hay una piedad mal entendida que se ha vuelto costumbre nacional: la de perdonar al poderoso porque siempre estuvo ahí. Como si la permanencia fuera una virtud y no una sospecha. Los rostros que ocupan los mismos cargos hace décadas no exhiben continuidad, exhiben captura. Y el país los mira con la resignación del inquilino que ya no discute con el casero.
Yo he visto esa amnistía firmarse sin tinta, en la abstención, en el "para qué", en el aplauso automático. Se absuelve al que todo recibió con el argumento de que "así son las cosas". Pero las cosas son así porque alguien decidió que fueran así. Romper esa piedad cómplice no es rencor: es el mínimo de justicia que le debemos a los que financiaron el banquete sin ser invitados a la mesa.
AFORISMOS
- Al que se le dio la ciudad entera, no se le pide una calle: se le pide la ciudad. — JFT
- El privilegio que no rinde no es neutro; es una deuda que crece en silencio. — JFT
- Perdonamos al poderoso su esterilidad y castigamos al pobre su rezago: ese es el revés de toda república. — JFT
- La permanencia en el cargo no es continuidad, muchas veces es captura. — JFT
- Cada elección sin rendición de cuentas es una amnistía disfrazada de renovación. — JFT
PROPUESTAS
- Rendición de cuentas proporcional al presupuesto: los pliegos que reciben más recursos públicos deben someterse a metas de resultado más exigentes y verificables, publicadas al inicio de cada gestión.
- Tablero ciudadano de ejecución por entidad, en datos abiertos, que compare presupuesto recibido contra resultados entregados, distrito por distrito.
- Cláusula de responsabilidad reforzada para autoridades reelectas: cada nuevo mandato exige un informe comparado con el anterior, auditado por la Contraloría.
- Reasignación de fondos concursables hacia gobiernos locales que demuestren eficiencia relativa, no solo capacidad de gasto.
- Registro público de metas incumplidas por funcionario, consultable antes de cada elección.