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2607-07 Formar conductores, no improvisar

2607-07

La cosecha es mucha y los conductores son pocos: la primera tarea de un país serio es formar a quienes lo han de conducir.

El drama recurrente del Perú no es la falta de problemas por resolver, que abundan, sino la falta de cuadros formados para resolverlos. La mies es mucha y los operarios son pocos, y esa escasez no es del azar: es el resultado de décadas de improvisación, de partidos que no forman líderes, de un Estado que no cultiva a sus servidores, de una política que prefiere el amigo disponible al profesional preparado. Un país que no forma a sus conductores está condenado a ser conducido por cualquiera.

Improvisar en el gobierno tiene un costo que se paga en cada gestión fallida, en cada funcionario que aprende sobre la marcha lo que debió saber antes de asumir, en cada institución que naufraga porque al frente había un improvisado. La formación de cuadros no es un lujo académico: es la infraestructura invisible sobre la que se sostiene o se derrumba un Estado. Sin conductores formados, hasta las mejores instituciones se vuelven máquinas sin quien las sepa manejar.

El Perú necesita hacer de la formación de líderes una política de Estado, no un accidente afortunado. Necesita canteras de servidores públicos capaces, partidos que sean escuelas de gobierno y no botines de reparto, universidades conectadas con las necesidades reales del país. Porque los conductores no nacen: se forman, se cultivan, se preparan con años de anticipación. Y el momento de sembrar esos cuadros es siempre antes de que la cosecha lo exija, nunca cuando ya es tarde.

La mies es mucha y los operarios pocos

Miremos con honestidad el mapa del talento político peruano y encontraremos un desierto. No porque falten peruanos capaces, que sobran, sino porque el sistema no los busca, no los forma ni los promueve. Los espacios de decisión se llenan por cercanía, por lealtad, por conveniencia, casi nunca por competencia formada. Así, cada elección es una lotería y cada gestión un experimento, porque no hay cantera, no hay escuela, no hay proceso serio de formación de quienes han de conducir.

La improvisación se disfraza de renovación pero es su opuesto. Traer caras nuevas sin preparación no es renovar, es reincidir en el error de improvisar con otros rostros. La verdadera renovación exige haber formado antes, haber cultivado durante años a quienes hoy asumen. Los países serios lo entendieron: invierten en formar a sus futuros conductores mucho antes de necesitarlos, construyen semilleros de talento público, hacen de la preparación de líderes una tarea permanente y no una urgencia de último minuto.

El llamado es urgente porque la cosecha del Perú no espera. Los problemas se acumulan, las demandas crecen, y los operarios formados siguen siendo pocos. Hace falta rogar, buscar, formar y enviar conductores preparados a cada rincón donde el país los necesita. Hace falta entender que la mayor inversión que puede hacer una nación no es en concreto ni en máquinas, sino en las personas que habrán de conducirla. Sembrar cuadros hoy es la única manera de no volver a improvisar mañana. Un país que no cultiva a sus conductores termina siempre conducido por los que solo supieron llegar.

LA OTRA CARA

El precio de la improvisación permanente

Cada gestión improvisada deja una estela de daño que el país paga durante años. Obras mal diseñadas por quien no sabía diseñarlas, políticas erráticas de quien nunca las estudió, instituciones desmanteladas por manos inexpertas que creyeron saber. La improvisación no es solo ineficiencia: es la transferencia sistemática del costo del aprendizaje del gobernante a la espalda del ciudadano. Aprendemos a gobernar con el país como campo de pruebas, y el ensayo lo pagan siempre los mismos.

Esa improvisación crónica también corroe la confianza en la democracia misma. Cuando el ciudadano ve que quien lo gobierna no está preparado, empieza a dudar no solo del gobernante sino del sistema que lo eligió. La ausencia de cuadros formados es, así, una amenaza silenciosa a la estabilidad institucional. Un pueblo cansado de improvisados termina buscando salvadores autoritarios, y ese es el precio más caro de no haber formado a tiempo a los conductores que la república necesitaba.

Sembrar conductores antes de la cosecha

La formación de líderes tiene un enemigo poderoso: la impaciencia electoral. Formar cuadros da frutos en el largo plazo, y la política vive del corto. Por eso casi nadie invierte en semilleros que rendirán después de su mandato. Pero el estadista se distingue justamente por sembrar árboles cuya sombra no disfrutará, por formar a los conductores que gobernarán cuando él ya no esté. Esa generosidad con el futuro es la marca del verdadero constructor de naciones.

El Perú necesita esa siembra paciente y sostenida. Escuelas de gobierno, formación técnica del servicio civil, partidos que preparen y no solo compitan, mecanismos que identifiquen y cultiven el talento donde quiera que surja. Porque la cosecha siempre llega, con o sin operarios preparados. La única pregunta es si, cuando llegue, tendremos conductores formados para recogerla, o volveremos a improvisar y a lamentar, una vez más, que la mies era mucha y los operarios, como siempre, demasiado pocos.

AFORISMOS
  1. Un país que no forma a sus conductores está condenado a ser conducido por cualquiera. — JFT
  2. Traer caras nuevas sin preparación no es renovar: es reincidir en el error de improvisar con otros rostros. — JFT
  3. La improvisación transfiere el costo del aprendizaje del gobernante a la espalda del ciudadano. — JFT
  4. El estadista siembra árboles cuya sombra no disfrutará: forma a quienes gobernarán cuando él ya no esté. — JFT
  5. La cosecha siempre llega; la única pregunta es si tendremos operarios formados para recogerla. — JFT
PROPUESTAS
  1. Crear una Escuela Nacional de Gobierno de acceso meritocrático que forme cuadros para la administración pública en todos los niveles del Estado.
  2. Exigir a los partidos políticos, como condición de inscripción, la operación de escuelas de formación de líderes con currículo verificable.
  3. Fortalecer y despolitizar el servicio civil de carrera, garantizando ascensos por mérito y formación continua obligatoria de los funcionarios.
  4. Establecer un programa nacional de identificación temprana de talento público en universidades e institutos, con becas y trayectorias de servicio.
  5. Instituir un banco público de perfiles técnicos calificados para altos cargos, de modo que la designación parta de la competencia y no de la cercanía.