Ir al contenido

2607-05 El liderazgo que aligera la carga

2607-05

El buen gobernante no le suma peso al ciudadano: le carga los fardos que el Estado le impuso sin razón.

Gobernar es, antes que nada, aligerar. El ciudadano peruano vive doblado bajo un peso que en gran parte le impuso el propio Estado: trámites que multiplican trámites, requisitos que engendran requisitos, un laberinto de obligaciones que castiga la iniciativa y premia la resignación. El liderazgo servicial se reconoce por una prueba sencilla: ¿le hace la vida más liviana o más pesada al que menos tiene?

Existe una perversión en la política peruana que confunde autoridad con imposición de cargas. Pero la potestad que sirve hace exactamente lo contrario: simplifica, desata nudos, quita del camino los obstáculos que otros pusieron. El líder que aligera no es débil; es el único suficientemente fuerte para renunciar al poder de complicar.

La carga más pesada que soporta el Perú no es la de su geografía difícil: es la carga administrativa y burocrática que el Estado le echó encima al ciudadano común. Un liderazgo que quiera ser recordado debe entender que su tarea no es mandar más, sino estorbar menos.

Vengan a mí los cansados y sobrecargados

Hay un cansancio peruano específico, el del ciudadano exhausto de lidiar con su propio Estado. No es el cansancio del trabajo, que dignifica, sino el de la burocracia, que humilla. Es el agotamiento de quien pasó el día entero en una cola para un sello, de quien renunció a un derecho porque ejercerlo costaba más que perderlo.

El liderazgo que merece el poder es el que se dirige precisamente a los cansados y sobrecargados y les ofrece descanso concreto, no consuelo verbal. Descanso significa un trámite menos, un requisito eliminado, una gestión que antes tomaba meses y ahora toma minutos. La política del alivio es la más revolucionaria porque devuelve al ciudadano lo más escaso: su propio tiempo de vida.

Pero aligerar no es abandonar. El líder servicial no desaparece el Estado; lo reordena para que sirva en lugar de estorbar. Toma sobre sí la complejidad y le entrega al ciudadano la sencillez. Ese es el yugo suave del buen gobierno: el que traslada el peso de los hombros del pueblo a la eficiencia de la institución.

LA OTRA CARA

El peso que aplasta al que menos tiene

La carga estatal no se reparte por igual: aplasta con más fuerza al que menos tiene. El empresario grande contrata gestores, abogados y contadores para sortear el laberinto; el ambulante, el pequeño agricultor, la madre trabajadora lo enfrentan solos. Así, la complejidad administrativa se vuelve un impuesto regresivo que castiga la pobreza con más papeleo.

Ese peso desigual empuja a millones a la informalidad, no por vocación de ilegalidad sino por imposibilidad de cumplir. Cuando ser formal cuesta más de lo que un pobre puede pagar en tiempo y dinero, la informalidad deja de ser opción y se vuelve destino. El Estado que simplifica es el que verdaderamente incluye.

El yugo suave del buen gobierno

Todo poder impone un yugo; la pregunta es si pesa o alivia. El mal gobierno pone un yugo áspero: obliga, complica, exige y no da nada a cambio. El buen gobierno ofrece un yugo suave: ordena sin ahogar, exige lo justo, y a cambio protege, facilita, sirve.

El Perú necesita descubrir el yugo suave del buen gobierno, ese que el ciudadano apenas siente porque trabaja a su favor. Quien aprenda a gobernar aligerando habrá descubierto el secreto que a tantos se les escapa: que se manda mejor sirviendo, y se sirve mejor simplificando.

AFORISMOS
  1. El buen gobernante no le suma peso al ciudadano: le carga los fardos que el Estado le impuso sin razón. — JFT
  2. La complejidad administrativa es un impuesto regresivo que castiga la pobreza con más papeleo. — JFT
  3. El líder que aligera no es débil: es el único suficientemente fuerte para renunciar al poder de complicar. — JFT
  4. Un gobernante se mide por cuánto peso quita, no por cuánto poder acumula. — JFT
  5. Se manda mejor sirviendo, y se sirve mejor simplificando. — JFT
PROPUESTAS
  1. Ejecutar un programa nacional de eliminación del 50% de los trámites estatales en dos años, con meta pública y auditoría ciudadana.
  2. Instaurar el principio una sola vez: el Estado no puede pedir un dato o documento que ya obra en poder de otra entidad pública.
  3. Aplicar interoperabilidad total entre entidades para que la carga de reunir información recaiga en el Estado y no en el ciudadano.
  4. Crear un régimen ultra simplificado de formalización para microempresas y trabajadores independientes, en un solo acto y sin costo.
  5. Establecer que todo nuevo requisito estatal solo pueda crearse si se eliminan simultáneamente dos existentes.