Ir al contenido

2607-04 Reformar no es remendar

2607-04

No se le pone parche nuevo a institución podrida: o se renueva entera, o se rasga por donde menos conviene.

El Perú vive de remiendos. Cada crisis institucional se responde con un parche: una ley de emergencia, una comisión ad hoc, un reglamento correctivo que apenas tapa el hueco anterior mientras abre otros dos. Confundimos reforma con reparación superficial y por eso hace décadas que arrastramos las mismas instituciones agotadas, cosidas con hilos de urgencia que se revientan al primer tirón.

La reforma real es incómoda porque exige repensar desde los cimientos, no maquillar la fachada. Cuando una institución está diseñada para otra época, para otro país, no basta con ajustarla: hay que reconcebirla. Ponerle un remiendo moderno a una estructura vieja produce el peor de los mundos, porque ni conserva la solidez de lo antiguo ni alcanza la eficacia de lo nuevo.

El país necesita coraje reformador, no habilidad remendadora. Se requiere aceptar que ciertas instituciones ya no se arreglan y deben rediseñarse por completo, aunque duela, aunque cueste votos. La verdadera modernización del Estado no vendrá de mil pequeños parches sino de la decisión valiente de renovar las estructuras que la realidad ya declaró obsoletas.

El parche nuevo sobre el paño viejo

Todo político peruano promete reformar y casi todos terminan remendando. La diferencia no es de vocabulario sino de valentía. Remendar es barato, rápido y electoralmente seguro. Reformar es caro, lento y peligroso: exige tocar intereses, rediseñar poderes, aceptar que lo que había estaba mal desde el diseño.

El resultado está a la vista en cada oficina pública, en cada sistema colapsado. Sistemas de justicia parchados durante generaciones que ya no imparten justicia. Aparatos tributarios remendados hasta volverse laberintos. Cada parche fue una decisión de no reformar, una postergación que la siguiente generación pagará más cara.

Reformar de verdad significa a veces demoler para reconstruir, y esa palabra asusta a la clase política acostumbrada a administrar la decadencia. Pero un país no se moderniza acumulando remiendos: se moderniza teniendo el coraje de reconocer lo agotado y reemplazarlo. El vino nuevo del siglo XXI no cabe en los odres institucionales del siglo pasado.

LA OTRA CARA

El costo humano del remiendo eterno

Detrás de cada institución remendada hay personas concretas que pagan el precio. La madre que no consigue una cita médica porque el sistema de salud lleva décadas de parches. El pequeño empresario que abandona un trámite imposible diseñado hace cuarenta años. El remiendo institucional no es un problema técnico abstracto: es sufrimiento cotidiano de millones.

Y sin embargo, la reforma real también tiene costos humanos que no se pueden ignorar con soberbia tecnocrática. Toda renovación profunda desplaza, incomoda, genera transición dolorosa. El reformador honesto no oculta esos costos: los administra con humanidad. Reformar sin crueldad es el arte político más difícil y más necesario.

Renovar los odres antes que perder el vino

Hay un momento en la vida de toda institución en que remendarla cuesta más que rehacerla. El estadista sabe reconocer ese punto; el mediocre lo posterga hasta el colapso. Renovar a tiempo es prudencia, no radicalismo.

El Perú tiene ante sí instituciones que ya cumplieron su ciclo y piden a gritos ser reconcebidas. La tentación será, como siempre, el parche cómodo. Pero la historia no perdona a las generaciones que tuvieron la oportunidad de reformar y eligieron remendar.

AFORISMOS
  1. Remendar es la coartada de quien no quiere pagar el costo político de reformar. — JFT
  2. El vino nuevo del siglo no cabe en los odres del siglo pasado: o renovamos los recipientes o perdemos el contenido. — JFT
  3. Cada parche institucional es una decisión de no reformar que la siguiente generación pagará más cara. — JFT
  4. El estadista reconoce cuándo remendar cuesta más que rehacer; el mediocre lo posterga hasta el colapso. — JFT
  5. Reformar sin crueldad es el arte político más difícil y el más necesario. — JFT
PROPUESTAS
  1. Crear un Consejo de Rediseño Institucional facultado para proponer la refundación completa de entidades declaradas obsoletas.
  2. Establecer cláusulas de caducidad en normas y estructuras públicas, obligando a su revisión integral periódica.
  3. Implementar un fondo de transición para acompañar a trabajadores y usuarios afectados por reformas estructurales.
  4. Prohibir la creación de comisiones ad hoc como respuesta a crisis recurrentes, exigiendo reformas de diseño.
  5. Instaurar una evaluación pública del costo del remiendo antes de aprobar cualquier ajuste normativo mayor.