2607-03
En política, quien pide ver las heridas no es un incrédulo: es el único que todavía cree que la verdad importa.
La duda tiene mala prensa entre los poderosos porque es incómoda, exigente y no se conforma con la palabra dada. Sin embargo, en una república sana, dudar es un acto de responsabilidad cívica. El ciudadano que pide evidencia antes de creer no es un cínico: es un guardián. En el Perú, donde nos han vendido tantas veces gato por liebre, la duda razonada es la primera línea de defensa contra el engaño institucionalizado.
El poder que teme a la verificación tiene algo que esconder. Toda autoridad legítima debería recibir con alivio, no con molestia, la pregunta: muéstrame las pruebas. La transparencia no es una concesión que el gobernante hace de buena voluntad; es una obligación que la ciudadanía tiene derecho a exigir.
La confianza que no admite verificación no es confianza, es fe ciega, y la fe ciega en política es la antesala del abuso. Los pueblos que prosperaron construyeron instituciones que permiten comprobar, auditar, contrastar. No pidieron a sus gobernantes que fueran santos: exigieron sistemas que hicieran innecesaria la santidad.
Muéstrame las heridas, no me cuentes la historia
Existe una desconfianza sana y necesaria que el poder llama, despectivamente, falta de fe. Es la del ciudadano que no se deja convencer por el relato y pide ver la evidencia con sus propios ojos. Frente al funcionario que jura haber ejecutado la obra, responde: llévame y muéstrame.
El Perú ha sufrido demasiado por creer sin comprobar. Nos hemos tragado inauguraciones de obras que nunca funcionaron, cifras maquilladas, informes de gestión escritos por la fantasía. Cada escándalo destapado empezó con alguien que dudó, que pidió ver las heridas de la administración pública en lugar de aceptar el cuento oficial.
Necesitamos institucionalizar la duda, convertirla en procedimiento y no dejarla al coraje de individuos aislados. Que verificar sea el estado natural del control público y no un acto heroico. Porque el día en que dejemos de pedir pruebas será el día en que nos merezcamos que nos engañen.
La duda que paraliza
Hay, sin embargo, una duda enferma que conviene distinguir de la sana. Es la desconfianza convertida en veneno, la que ya no busca la verdad sino que la niega de antemano. Cuando todo es sospechoso, cuando ninguna prueba basta, la duda deja de ser control y se vuelve nihilismo. Ese escepticismo total no defiende la república: la disuelve.
El Perú coquetea peligrosamente con esa duda destructiva. Tanto engaño acumulado ha producido ciudadanos que no creen en ninguna institución. Esa desconfianza absoluta es tan dañina como la fe ciega. La verdadera madurez cívica sabe dudar y sabe, cuando le muestran las pruebas, creer.
El derecho a exigir evidencia
Verificar no es un privilegio de fiscales ni de periodistas: es un derecho de todos. La ciudadanía que puede comprobar lo que su Estado hace es una ciudadanía libre; la que debe creer a ciegas es una ciudadanía tutelada.
El poder que abraza la verificación se hace más fuerte, no más débil. Un gobierno que muestra sus pruebas voluntariamente desarma a sus difamadores. La transparencia no es vulnerabilidad, es blindaje.
- El poder que se irrita cuando le piden pruebas revela por su irritación lo que esconde. — JFT
- Dudar no es traicionar: es el amor exigente que un pueblo maduro le tiene a su república. — JFT
- La confianza que no admite verificación no es confianza, es fe ciega, y la fe ciega es la antesala del abuso. — JFT
- Los pueblos sabios no pidieron gobernantes santos: exigieron sistemas que hicieran innecesaria la santidad. — JFT
- Cuando dejemos de pedir pruebas, mereceremos que nos engañen. — JFT
- Obligar a que toda obra pública inaugurada incluya un acta de verificación independiente y georreferenciada.
- Crear un portal nacional de datos abiertos con todos los contratos del Estado en formato reutilizable y en tiempo real.
- Establecer el derecho ciudadano a la verificación in situ de obras financiadas con fondos públicos, con veedurías vecinales.
- Sancionar como falta grave la publicación de cifras oficiales que no puedan respaldarse con fuente documental verificable.
- Instituir auditorías ciudadanas aleatorias sobre programas sociales, con paneles de vecinos capacitados.