2601-28
La reforma no fracasa por falta de ideas: fracasa por falta de terreno.
Frente a cualquier mensaje existen cuatro terrenos posibles. En uno, se pierde por ruido y sabotaje; en otro, se celebra pero no se sostiene; en un tercero, se ahoga entre preocupaciones e intereses; y en el último, se convierte en resultados medibles. La política funciona exactamente igual: puedes tener la mejor propuesta del mundo, pero si no gestionas el terreno institucional y social, muere antes de nacer.
El primer terreno es el camino: un Estado pavimentado por trámites, apatía y cinismo. La gente oye, pero no entra. El segundo es la piedra: entusiasmo sin estructura; arranca rápido y se seca igual de rápido. El tercero son los espinos: captura por intereses, ansiedad y dinero; la agenda termina asfixiada. Y el cuarto es la buena tierra: ciudadanía e instituciones que escuchan, adoptan, ejecutan y rinden cuentas. Ahí aparece el fruto —resultados, escala, sostenibilidad—; no promesas, sino evidencia.
La clave operativa es simple pero exigente: el liderazgo efectivo no se limita a comunicar, diseña condiciones para que el mensaje se transforme en conducta. No basta con convencer; hay que construir el entorno donde convencer tenga consecuencias prácticas. Las ideas que no se encarnan en hábitos colectivos son solo retórica elegante.
Además, ningún mensaje vivo puede imponerse como doctrina cerrada. Tiene que provocar búsqueda, creatividad y participación. En política, eso es oro puro: una reforma que la gente no hace suya no pasa de PowerPoint.
“Antes de hablar de reformas, hablemos del terreno”
En el Perú abundan los discursos y escasea la ejecución. ¿Por qué? Porque discutimos semillas, no terreno. Anunciamos medidas —seguridad, simplificación, inversión, integridad— pero olvidamos lo decisivo: ¿en qué tipo de Estado caen esas medidas?
Hay instituciones que son “camino”: todo resbala. La norma llega, pero se pierde en ventanillas, miedos, desconfianza y sabotajes. Hay otras que son “piedra”: arrancan con entusiasmo mediático, pero sin presupuesto, sin responsables, sin cronograma, sin indicadores; en cuanto llega la presión, se secan. Y están los “espinos”: cuando el interés particular, el dinero y la ansiedad de corto plazo ahogan lo público, la reforma queda sin fruto.
La buena política empieza humilde: prepara el terreno. Pone reglas claras, reduce fricción, protege la decisión del ciudadano, y crea hábitos de cumplimiento. Además, entiende algo fino: el cambio real no llega “embotellado”; se construye con participación, creatividad y apropiación social.
En pocas palabras: si quieres resultados, no solo siembres ideas; siembra condiciones.
LA OTRA CARA
“Cuidado: culpar al ‘terreno’ puede volverse excusa”
Esta lectura también puede usarse mal: “Si la gente no cambia es su culpa”. Error. Muchas veces el problema no es la ciudadanía: es el diseño del sistema que castiga al que cumple y premia al vivo.
Además, la política tiene tentación de manipular: un líder puede decir “no me entendieron” para justificar decisiones impopulares o para cerrar el diálogo. El texto mismo reconoce que el mensaje puede “revelar y esconder” según quién lo recibe, y eso es una alerta política: la comunicación sin pedagogía se vuelve filtro y polarización.
La salida es simple y exigente: no usar la metáfora para juzgar personas, sino para diagnosticar sistemas.
“No siembres slogans: siembra gobierno”
La reforma no se anuncia: se construye.
La integridad no se grita: se audita.
La seguridad no se promete: se coordina.
Y el gran secreto es este: la gente no sigue ideas, sigue experiencias.
Si el Estado te humilla, nadie cree.
Si el Estado te atiende, la confianza crece.
Si el Estado cumple, el país florece.
El problema no es la semilla.
El problema es que algunos prefieren el terreno duro: ahí mandan sin control.
AFORISMOS
- La reforma no fracasa por falta de ideas: fracasa por falta de terreno.
- Un gobierno sin ejecución es solo un narrador con presupuesto.
- El corto plazo es el abrojo favorito de la política mediocre.
- La confianza no se pide: se demuestra trámite a trámite.
- Donde no hay responsables, la esperanza se seca.
PROPUESTAS
- Mapa de “terrenos” por sector y región: identificar dónde la reforma “resbala” (trabas), dónde “se seca” (falta de recursos), y dónde “se ahoga” (captura).
- Responsables con nombre y apellido + tablero público mensual: metas, hitos, presupuesto y semáforo.
- Simplificación quirúrgica (Top 20 trámites): eliminar pasos, digitalizar de verdad, y sancionar la “traba creativa”.
- Blindaje anticaptura: compras transparentes, trazabilidad de decisiones, rotación en puestos críticos, y alertas de conflicto de interés.
- Participación útil (no show): pilotos con ciudadanos/empresas para co-diseñar procesos; lo que no se co-crea, no se sostiene.
- Incentivos al cumplimiento: premiar unidades que reducen tiempos y reclamos; sancionar a las que “ahogan” la reforma.