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2601-20 La norma sirve a la gente: cuando se vuelve ídolo, se vuelve abuso

2601-20


“Cuando la norma humilla a la persona, ya no es ley: es pretexto.”


El núcleo político de este día es brutalmente vigente: la ley existe para el bien de las personas. El caso describe una escena simple (necesidad concreta: hambre) y una reacción típica del poder: fiscalizar el procedimiento antes que atender el propósito.

 La respuesta no “rompe la ley” por capricho: la interpreta desde su finalidad. Para eso usa tres herramientas de gobierno serio: (i) precedente (se recuerda un caso histórico de excepción por necesidad), (ii) principio de proporcionalidad (vida y dignidad primero; formalidad después), y (iii) jerarquía de bienes (la norma como instrumento, no como dueño de la persona).

 Además, hay una advertencia institucional: por siglos, una práctica puede volverse “identidad”, y esa identidad, si se rigidiza, termina justificando barbaridades. El propio texto menciona que, en un momento crítico, se prefirió morir antes que flexibilizar una regla; luego, los líderes concluyeron que defender la vida era lo correcto, incluso si tocaba relativizar la práctica.

 En clave pública: la mejor democracia no es la que tiene más normas, sino la que evita que la norma se use para oprimir. Cuando el sistema se siente amenazado por una lectura humana de la ley, se defiende con fuerza.

 


El Perú no necesita más reglas: necesita reglas con alma

En el Estado, casi todo abuso se maquilla con una frase: “es el procedimiento”. Y así, lo que debería ordenar, termina aplastando. Este texto plantea una tesis incómoda: la norma no es un fin, es un medio; y cuando el medio destruye el fin, se convierte en violencia legal.

La escena habla de necesidad básica y de fiscalización obsesiva. En política real, esto se parece a: el ciudadano que no accede a salud por “un sello”, el emprendedor que cierra porque “falta un requisito”, la víctima que no denuncia porque “el sistema la revictimiza”. El Estado se vuelve experto en cuidar el formulario y negligente en cuidar a la persona.

Gobernar es priorizar. Y la prioridad ética de un Estado decente es clara: la vida, la dignidad y la libertad no pueden quedar subordinadas a una formalidad. La norma que no entiende el dolor, deja de ser justicia y se vuelve castigo.


LA OTRA CARA 

 Cuidado: flexibilizar sin límites también destruye

Sí: la norma puede volverse abuso. Pero también es cierto que un país sin reglas claras es un país capturado por el más fuerte. La salida no es “todo vale”, sino principios y controles: excepciones justificadas, trazabilidad y sanción al aprovechado.

La clave está en separar la flexibilización por necesidad de la flexibilización por viveza. Lo primero humaniza; lo segundo corrompe.

 

El burócrata que adora la norma teme a la justicia

“Cuando la norma humilla a la persona, ya no es ley: es pretexto.”

La forma más fría de violencia es la que viene con sello y firma. Nadie grita, nadie golpea… pero el ciudadano pierde tiempo, dinero y dignidad.

El burócrata que se refugia en el papel suele tener un miedo: que alguien le pida responder por el resultado. Por eso, para algunos, “cumplí el procedimiento” es coartada moral.


AFORISMOS

  1. Cuando la norma humilla a la persona, ya no es ley: es pretexto.
  2. El procedimiento no puede ser más importante que la vida que pretende proteger.
  3. La identidad institucional sin humanidad se convierte en fanatismo administrativo.
  4. La excepción bien justificada fortalece la ley; la arbitrariedad la pudre.
  5. Un Estado que no entiende la urgencia, gobierna contra su gente

PROPUESTAS


  1. Cláusula “persona primero” en procedimientos críticos (salud, seguridad, alimentación, protección de víctimas): si hay urgencia verificable, prima la atención y luego la regularización.
  2. Silencio administrativo real y sancionador: si la entidad no responde en plazo, el ciudadano no paga la ineficiencia.
  3. Proporcionalidad obligatoria en fiscalización: la sanción debe medir daño real; no “cazar papeles”.
  4. Defensoría del Usuario de Servicios Públicos con capacidad de intervención inmediata y reporte público mensual de casos emblemáticos.
  5. Auditoría de trámites: eliminar requisitos que no aportan valor, y digitalizar con trazabilidad (cada paso deja huella y responsable).