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2601-19:Reforma verdadera: no remiendes lo viejo, cambia el recipiente

2601-19

“La reforma que no cambia el ‘recipiente’ solo posterga el colapso.”


Este día es una lección de reforma institucional: hay prácticas antiguas valiosas, pero si se vuelven obligación rígida, terminan ahogando el propósito. Aquí el conflicto gira en torno al “ayuno” —una costumbre extendida— y a la libertad de no convertir lo espiritual o lo ético en trámite obligatorio.

La respuesta usa tres ideas políticas finísimas: (i) contexto y oportunidad: hay tiempos de celebrar y tiempos de sobriedad; (ii) cambio estructural: no basta “parchar” el sistema; (iii) compatibilidad: lo nuevo no entra en estructuras viejas sin romperse todo. Por eso la imagen del remiendo y del vino nuevo: si no renuevas el soporte, revientas el proceso.

Y ojo a lo estratégico: el documento coloca este conflicto como el central dentro de cinco choques  y dice que esta “luz” ayuda a entender también los demás conflictos. Traducido: si no entiendes cómo gestionar el cambio (sin parches), te equivocarás en todo lo demás.

 

El Perú no necesita parches: necesita recipientes nuevos


En política, “reformar” suele significar una de dos cosas:

  • o cambias el sistema,
  • o lo maquillas para que aguante un año más.

Este texto es una cachetada elegante a la cultura del parche. Te dice: si intentas coser tela nueva sobre una estructura gastada, no mejoras; rompes peor. Y si metes “vino nuevo” (ideas nuevas, reglas nuevas, gente nueva) en “odres viejos” (instituciones capturadas, burocracia torpe, cultura de privilegio), revientas: se pierde el contenido y se pierde el recipiente. El costo lo paga el ciudadano.

La política seria reconoce el tiempo: hay decisiones que exigen firmeza, y otras que exigen paciencia. Pero ninguna exige autoengaño. La modernización no es discurso: es cambiar el soporte —procesos, incentivos, controles, cultura— para que lo nuevo no muera aplastado por lo viejo.


LA OTRA CARA 

El “cambio total” también puede ser soberbia


No todo lo antiguo es malo. Hay prácticas que sostienen cohesión y orden. El error está en dos extremos:

  • “todo se queda igual”,
  • o “todo se destruye”.

Reforma inteligente: conserva lo que sirve, pero impide que lo viejo se imponga y bloquee lo nuevo. Ese es el equilibrio fino del liderazgo.

 

Si el sistema no cambia, la reforma es una foto


“La reforma que no cambia el ‘recipiente’ solo posterga el colapso.”

La trampa del Estado es creer que con un reglamento nuevo ya cambió la realidad. No.

Si el procedimiento sigue igual, si el incentivo corrupto sigue vivo, si la ventanilla sigue humillando, lo “nuevo” se pudre adentro… o revienta afuera. El país ya no tiene presupuesto emocional para parches.




AFORISMOS

  1. La reforma que no cambia el ‘recipiente’ solo posterga el colapso.
  2. Lo nuevo no fracasa por falta de ideas: fracasa por estructuras viejas que lo asfixian.
  3. El parche es barato hoy y carísimo mañana.
  4. La libertad se defiende más con diseño institucional que con discursos.
  5. Si la norma te aleja del propósito, la norma se volvió ídolo.

PROPUESTAS


  1. Reforma “recipiente primero”: antes de lanzar políticas nuevas, rediseñar procesos, incentivos y controles para que puedan sostenerlas (si no, revientan).
  2. Limpieza de “normas-ritual”: eliminar obligaciones que ya no cumplen propósito público y solo generan cumplimiento ciego (tramitología moral).
  3. Cambio por compatibilidad: pilotos por sector/territorio, con escalamiento solo cuando el “odre” (capacidad) esté listo.
  4. Reforma cultural del Estado: métricas de servicio (tiempos, trato, resolución) y consecuencias reales por sabotaje burocrático.
  5. Gestión del conflicto: asumir que el cambio real genera choque; sostenerlo con evidencia, resultados tempranos y transparencia (no con propaganda).