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2601-11: Legitimidad sin soberbia: cuando el poder se somete al procedimiento

2601-11

“La autoridad se gana respetando el proceso, no saltándolo.”


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El arranque de una vida pública (o de un gobierno) se define por un acto inicial: cómo te legitimas. Hay líderes que empiezan imponiéndose; otros empiezan sometiéndose a un procedimiento que no les “conviene” en términos de ego, pero sí en términos de justicia y estabilidad institucional. Ese gesto inicial manda un mensaje: aquí la regla está por encima del personaje.


Lo notable del texto es el choque entre “jerarquía” y “legalidad”: el operador institucional duda (“no corresponde”, “no es coherente”), y el liderazgo responde con una idea clave: cumplir lo que toca, en el modo correcto y en el tiempo correcto. Traducido al Estado: respeto al debido proceso, humildad para no capturar instituciones y disciplina para no adelantarse al calendario político.


Este tipo de inicio ordena tres cosas: (i) reduce sospechas de abuso, (ii) alinea al equipo con una ética pública (“nadie está por encima del sistema”), y (iii) crea un símbolo fuerte de unidad: el líder no espera que “la gente vaya hacia él”; él va hacia la gente y se hace responsable del mismo camino.​


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El primer acto de poder: someterse a la regla

La política se arruina cuando el poder nace como excepción: “para mí sí”, “por esta vez”, “porque soy imprescindible”. Ese es el comienzo de la arbitrariedad.

El liderazgo serio arranca distinto: se legitima respetando el procedimiento, incluso cuando el procedimiento lo incomoda. No es debilidad: es autoridad madura. Porque el país no necesita un “salvador”; necesita instituciones que funcionen aunque el líder se vaya.

Cuando un jefe político decide “cumplir toda justicia” —es decir, hacer lo correcto en el modo y en el tiempo correcto— está poniendo un límite a su propio ego. Eso es raro. Y por eso pesa.

En la práctica, esta lección sirve para todo: desde cómo se nombra funcionarios, hasta cómo se adjudican contratos, cómo se responde a fiscalización, cómo se acepta un control externo. El poder que se niega al control empieza a caer ese mismo día.


| La otra cara |

Procedimiento sin propósito: burocracia que asfixia

Cuidado: respetar el proceso no significa adorar el papeleo. Hay “procedimientos” diseñados para dilatar, excluir o cobrar peajes. Ahí la legalidad se vuelve máscara.

La clave es distinguir: debido proceso (garantía y justicia) vs. tramitología (control y renta). El reto político es limpiar lo segundo sin romper lo primero.



Humildad estratégica: el ego también se gobierna

“La autoridad se gana respetando el proceso, no saltándolo.”

El poder empieza torcido cuando busca privilegio. Empieza sólido cuando se somete a una regla común. Esa humildad no es discurso: es diseño.

Y el diseño es simple: controles, transparencia, tiempos claros y cero atajos “por urgencia”.


AFORISMOS

1. La autoridad se gana respetando el proceso, no saltándolo.

2. El líder que se cree excepción inaugura la arbitrariedad.

3. La legitimidad no se grita: se construye con actos iniciales.

4. Gobernar también es gobernar el ego.

5. El tiempo correcto es política: el apuro sin regla siempre cobra factura.


PROPUESTAS


1. Pacto de legitimidad (primeros 30 días): reglas públicas de nombramientos, compras y vocerías; nada “por confianza personal”.

2. Debido proceso express: plazos breves, audiencias simples, decisión motivada y trazabilidad digital (sin laberintos).

3. Calendario de decisiones: no improvisar reformas por presión mediática; cada medida con sustento, ventana y evaluación.

4. Control externo aceptado: auditoría concurrente + veeduría ciudadana (lo que se resiste, se pudre).

5. Simplificación sin impunidad: eliminar requisitos inútiles, pero reforzar controles donde hay riesgo de corrupción.