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2601-09:  Después del logro, viene la tormenta: disciplina, distancia del aplauso y cabeza fría

2601-09

“El poder tienta más después del éxito; por eso, el líder serio crea distancia y manda a trabajar.”


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Lo que se ve aquí es un manual de conducción política post-éxito. Primero: cuando una medida pública funciona y la gente se entusiasma, aparece la tentación de convertir el resultado en culto al líder (querer “hacerlo rey”). En ese punto, la conducción madura hace dos movimientos: corta el clima de idolatría y protege al equipo de la presión de la multitud.


Segundo: el líder se retira a pensar (oración, en el texto), y manda al equipo a avanzar “por delante”. Es decir: no gobierna pegado al aplauso; gobierna con dirección, agenda y método. Y mientras el equipo rema, llega el viento en contra: fatiga, desgaste, dudas. Esa es la política real: lo difícil no es anunciar, lo difícil es sostener.


Tercero: el equipo se asusta porque no reconoce lo que está pasando (“fantasma”), y el mensaje clave es de gestión emocional: “¡Ánimo… no temáis!”. No se gobierna con pánico. Y el cierre es durísimo: el problema no era el viento, era la “mente embotada” y el “corazón cerrado” por no haber entendido lo anterior (lo de los panes). Traducción política: si tu equipo no aprende del proceso anterior, repetirá miedo, improvisación y dependencia del salvador.​





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El aplauso es un peligro: el Estado no puede gobernar enamorado de sí mismo

El éxito es traicionero. Una política funciona, un programa despega, la gente se entusiasma… y aparece el veneno: la idea de que el líder “debe” convertirse en rey.

En ese instante se decide si tienes estadistas o figuritas.

El estadista corta el show. Protege a la gente de la manipulación y protege al equipo de la adulación. No se deja llevar por la ola. Se aparta, piensa, ordena, y manda a trabajar. Y ahí aparece lo inevitable: el viento en contra. Presiones, críticas, cansancio institucional, sabotaje, burocracia.

Cuando el viento pega, los equipos se asustan y comienzan a ver fantasmas: enemigos en todas partes, conspiraciones, paranoia. Y es ahí donde se separa la conducción madura de la conducción histérica. La madura no niega la tormenta; niega el pánico.

La política adulta tiene una regla: después del éxito, doble disciplina. Porque el éxito te puede comprar el alma y la tormenta te puede robar la cabeza. Si no aprendes del proceso anterior, repites errores con más soberbia y más miedo.


| La otra cara |

Cuidado: “distancia del aplauso” no debe ser desconexión del pueblo

Separarse del ruido es sano, pero hay una línea peligrosa: usar la “prudencia” como excusa para aislarse, cerrar puertas y gobernar en burbuja. La distancia correcta es táctica, no social.

Si el equipo rema solo y la conducción solo “medita”, el Estado se enfría, y la calle se enciende.



La tormenta no es el problema: el problema es el equipo que no aprende

“El poder tienta más después del éxito; por eso, el líder serio crea distancia y manda a trabajar.”

El viento contrario existe.

Pero el colapso llega cuando el equipo no entiende lo que ya vivió, y por eso se asusta con cualquier sombra. La cura no es gritar más fuerte, sino entrenar mejor: aprendizaje institucional, protocolos, confianza y mando claro.


AFORISMOS

1. El poder tienta más después del éxito; por eso, el líder serio crea distancia y manda a trabajar.

2. El aplauso engorda el ego; la tormenta revela el método.

3. Un equipo que no aprende, se asusta dos veces por la misma ola.

4. Gobernar es sostener el rumbo cuando el viento no ayuda.

5. La paranoia es la forma más cara de la incompetencia.


PROPUESTAS


1. Protocolo “post-éxito”: comunicación sobria, metas nuevas, y “cero culto” (institución por encima de persona).

2. Ritual de aprendizaje: después de cada logro, lecciones aprendidas + checklist de riesgos (qué funcionó, qué casi falla, qué corregir).

3. Gestión del cansancio del equipo: turnos, soporte, prioridades claras; sin eso, el “viento contrario” te quiebra la ejecución.

4. Entrenamiento anti-pánico: vocerías, escenarios, protocolos ante crisis; el miedo desordena más que la crisis.

5. Separación táctica del líder: espacios formales de decisión (análisis) y espacios de territorio (escucha), sin caer en aislamiento.