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2601-07: La gran luz nace en la periferia: cuando el centro se queda sin calle

2601-07

“La verdadera reforma empieza donde el Estado no llega.”


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La política suele equivocarse por un vicio antiguo: creer que el cambio nace en la capital. Pero el país real —el que produce, migra, sufre y se organiza— muchas veces está fuera del centro. La escena de hoy es una lección de estrategia territorial: ante un golpe político (la captura de un referente), el liderazgo se repliega, se reubica y arranca desde una zona considerada “frontera” o “periferia”. 

En clave de Estado: “tinieblas” no es poesía; es ausencia de servicios, inseguridad, informalidad obligada, trámites que no llegan, justicia que no alcanza. Y “gran luz” es lo contrario: orden mínimo, reglas claras, presencia efectiva, salud y seguridad que se sienten en la calle. Además, hay un giro clave: la luz se expande más allá de fronteras culturales y territoriales. Traducido: un proyecto serio no se encierra en su tribu. Construye un “nosotros” amplio, sin excluir, y convierte la periferia en plataforma de legitimidad.  

Conclusión política: cuando el centro se burocratiza, la renovación se enciende en la periferia. Y el liderazgo que entiende eso no “administra” el país: lo recorre, lo escucha y lo ordena desde abajo.


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Gobernar es ir donde está el problema (y quedarse)

El Perú ha vivido décadas de un Estado que “aparece” en campaña y “desaparece” en gestión. Se inaugura en Lima y se posterga en regiones. Se legisla desde el escritorio y se sufre en la carretera. Por eso la gente habla de abandono, no por ideología, sino por experiencia.

El día de hoy enseña algo incómodo para el poder tradicional: la luz no se enciende en los salones, se enciende en el territorio. Cuando hay crisis, el liderazgo inteligente no se queda defendiendo su imagen: se reubica. Cambia de base, cambia de enfoque, cambia de prioridad. Y, sobre todo, empieza a construir confianza donde la confianza está rota.

Hay una diferencia enorme entre “visitar” una región y trabajar desde ella. Visitar es foto. Trabajar es instalar equipo, medir problemas, resolver lo básico, y sostener presencia. En un país desigual, esa presencia es política pública: comisaría operativa, centro de salud con turnos, escuela con agua, trámite que se resuelve sin coima.

Y hay un segundo mensaje: el proyecto que solo sirve a “los míos” termina chiquito. La política grande es la que convoca a todos los que quieran vivir con reglas y dignidad. Esa amplitud no se declara: se demuestra cuando la acción llega a la frontera y no discrimina.


| La otra cara |

Periferia sin método: populismo territorial

Ojo: “ir a la periferia” también puede ser puro populismo. Hay líderes que bajan a territorio solo para pelearse con el “centro” y construir enemigos. Eso enciende aplausos, pero no enciende servicios.

La periferia no necesita discursos contra Lima: necesita capacidad de gestión, presupuesto ejecutado, seguridad, y Estado interoperable. Si no hay método, la “gran luz” se vuelve bengala: ilumina un rato y se apaga.



La reforma empieza donde el Estado duele

“La verdadera reforma empieza donde el Estado no llega.”

Porque allí se ve todo: el trámite inútil, el policía sin logística, el hospital sin medicinas, el juez lejos, el transporte caro, el ciudadano solo.

Si el gobierno quiere credibilidad, que lo demuestre con una regla: primero se ordena la periferia, luego se celebra el centro. Y ordenarla es presencia real, no oficina nueva: indicadores, responsables y plazos. La luz, en política, se mide en resultados.


AFORISMOS

1. La verdadera reforma empieza donde el Estado no llega.

2. El centro habla; el territorio decide si te cree.

3. Crisis no es excusa: es señal para reubicar prioridades.

4. Estado ausente es oscuridad con uniforme.

5. La “gran luz” es servicio básico funcionando todos los días.


PROPUESTAS


1. Plan 180 días “Periferia Primero”: seguridad, salud y trámites esenciales como paquete mínimo por provincia priorizada.

2. Mapa de oscuridad estatal: ranking público de brechas (comisarías operativas, puestos de salud abastecidos, tiempo de trámites, justicia de paz).

3. Equipos móviles intersectoriales (identidad, salud, programas, denuncias, conciliación) con metas semanales.

4. Interoperabilidad obligatoria: el ciudadano no “lleva papeles” entre entidades; el Estado se coordina.

5. Presupuesto atado a resultados: más recursos solo si bajan colas, sube ejecución y mejora seguridad percibida.

6. Gobierno en territorio: sesiones ejecutivas mensuales descentralizadas con tablero de cumplimiento público.