2601-02
“La autoridad que no sabe quién es, termina persiguiendo a quien sí lo sabe.”
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En política, tarde o temprano llega el interrogatorio: “¿quién eres tú?, ¿a quién representas?, ¿con qué autoridad hablas?”. No siempre es búsqueda de verdad; muchas veces es control de relato. Y ahí se juega la fibra del liderazgo: si te inflas, te tumban; si te achicas, te usan.
La respuesta inteligente no es gritar credenciales, sino definir función: “no soy lo que ustedes quieren que sea; soy lo que toca hacer”. Eso es gobernanza personal: claridad de identidad, límites y misión. El líder eficaz no compite por títulos; construye dirección.
Pero ojo: cuando el aparato pregunta, también se desnuda. Si necesita encasillarte a la fuerza, es porque teme lo que no controla. Las instituciones sanas regulan; las inseguras hostigan. Y el líder sano no se vuelve caudillo: se vuelve señal, puente, camino.
Conclusión política: cuando te buscan para etiquetarte, contesta con propósito. Ni idolatría propia, ni sumisión. Exactitud, serenidad y servicio.
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El arte de responder sin caer en la trampa
Hay preguntas que no buscan información: buscan dominio. En política se presentan con traje formal, con tono técnico, con “procedimientos”. Pero el fondo es simple: te quieren obligar a jugar en su tablero.
“¿Quién eres tú?” puede ser el inicio de una auditoría honesta… o el inicio de una cacería. El problema no es la pregunta; es la intención. Y la intención se reconoce por la insistencia en encasillarte: o eres esto, o eres aquello, o estás fuera.
Ahí nace el error más común: responder desde el ego. El ego quiere ganar la sala, “demostrar”, “humillar al interrogador”, “quedar por encima”. Y al ego le encanta el título. El ego cree que el poder se defiende con volumen. Grave.
La respuesta estratégica va por otro carril: define misión, no personaje.
No entras a la pelea por el cargo imaginario que te ofrecen; te mantienes en la tarea real que estás cumpliendo. No te vendes. No te inflas. No te escondes.
En el Estado esto tiene una traducción práctica: el servidor público debe saber qué es —y qué no es—. Un organismo regulador no es un operador político. Un fiscalizador no es un enemigo del administrado. Un líder partidario no es dueño de la organización. Cuando los roles se confunden, el país paga: arbitrariedad, abuso, desconfianza.
Y también vale al revés: cuando una autoridad necesita perseguir “identidades” en vez de revisar hechos, es que está fallando. La institucionalidad no se sostiene con sospecha permanente; se sostiene con reglas claras, debida motivación y proporcionalidad.
Por eso, este día deja una brújula: cuando el poder te interroga, no negocies tu centro. Responde con calma, con límites y con propósito. Porque la política no premia al que grita: premia al que sostiene el rumbo.
| La otra cara |
El riesgo de la “humildad” mal entendida
Cuidado: “soy solo una voz” puede volverse excusa para no asumir responsabilidad. Hay gente que se refugia en la modestia para no decidir, no firmar, no ejecutar, no cargar el costo.
En política, la humildad útil no es invisibilidad: es no apropiarte del mérito y no evadir el deber. Si te toca liderar, lidera. Si te toca obedecer normas, obedece. Si te toca corregir, corrige.
Humildad no es callarte: es hablar sin vanidad, y actuar sin teatro.
Identidad institucional: el país se rompe cuando nadie sabe quién es
“La autoridad que no sabe quién es, termina persiguiendo a quien sí lo sabe.”
Esa frase es un diagnóstico de Estado.
Cuando el regulador quiere ser político, politiza la regla.
Cuando el político quiere ser juez, judicializa la plaza.
Cuando el funcionario quiere ser patrón, maltrata al ciudadano.
Y cuando nadie acepta su rol real, el sistema se vuelve jungla: cada quien inventa su autoridad en el camino.
La reforma más urgente, entonces, no es solo digital: es claridad de roles. Manuales vivos, funciones definidas, trazabilidad de decisiones, y sanción real a la extralimitación.
Un país serio no necesita gritar autoridad: la practica. Y la autoridad sana no persigue identidades; evalúa hechos.
AFORISMOS
1. La autoridad que no sabe quién es, termina persiguiendo a quien sí lo sabe.
2. Cuando te quieren encasillar, responde con propósito, no con ego.
3. Institución fuerte regula; institución insegura hostiga.
4. El poder que pregunta “quién eres” para controlarte, teme perder el relato.
5. Humildad no es silencio: es acción sin vanidad.
PROPUESTAS
1. Protocolo anti-extralimitación: checklist obligatorio de competencia antes de cualquier requerimiento o sanción.
2. Motivación reforzada: toda medida restrictiva debe explicar hechos, norma aplicable y proporcionalidad (con auditoría interna).
3. Trazabilidad de decisiones: expediente digital con responsable, fecha, fundamento y control posterior.
4. Capacitación en roles: mallas por perfil (regulador, fiscalizador, operador) para cortar la “autoridad creativa”.
5. Defensoría del administrado/ciudadano con plazos cortos para quejas por hostigamiento o abuso.
6. Cultura de propósito en partidos y gobierno: cada líder define misión, límites y objetivos medibles (no solo narrativa).