2601-01
“Un Estado grande se reconoce porque abre la puerta primero al último.”
________________________________________
La política real no se define por discursos, sino por prioridades visibles: a quién escuchas primero, a quién alivias primero, a quién haces “existir” en tu agenda. En todo sistema de poder hay “censos” modernos: padrones, registros, trámites, tributos, controles. Son necesarios, sí. Pero cuando se diseñan solo para controlar y recaudar, terminan expulsando a los de siempre.
Este día plantea una regla dura: el liderazgo legítimo nace fuera del protocolo. No aparece donde se lo espera, ni es anunciado por los canales “oficiales”. Se revela en lo pequeño, en lo frágil, en lo que el aparato estatal suele considerar “ruido” o “informalidad”.
En clave de gestión pública: (i) todo diseño normativo debe pasar por el filtro de impacto en el hogar; (ii) la burocracia no es neutral: puede ser un muro o un puente; (iii) si el primer mensaje de un gobierno llega a los que nadie invita, ese gobierno entiende de nación; (iv) si solo llega a los de arriba, ese gobierno administra privilegios.
Conclusión política: empezar el año es redefinir la puerta de entrada. Si la puerta la decide el miedo, mandan los excluyentes. Si la puerta la decide la dignidad, manda el bien común.
----------------------------------------------------
La puerta del Estado
El país se parece más a una puerta que a una bandera. La bandera inspira; la puerta decide quién entra, quién espera y quién se queda afuera. Y ahí, precisamente ahí, se revela el verdadero rostro del poder.
Porque el poder no se mide por la cantidad de normas, sino por a quién protegen. No se mide por cuántos controles existen, sino por cuántas vidas se hacen viables con esos controles. No se mide por cuánta “formalidad” exigimos, sino por cuánto entendemos la realidad del que vive al día.
Cada inicio de año trae su pequeño ritual: promesas, saludos, deseos, discursos. Pero el Estado, ese gran edificio, sigue funcionando con la misma lógica: primero atiende a quien grita más fuerte, a quien tiene más llegada, a quien tiene más abogado, a quien tiene más tiempo. Mientras tanto, el ciudadano común —el que no puede faltar al trabajo, el que no tiene conectividad estable, el que no entiende el idioma del formulario— queda en la banca de suplentes de su propio país.
Y eso no es un error técnico: es una decisión política. Cuando el diseño institucional se construye solo desde escritorios, el resultado es inevitable: el trámite se vuelve castigo, el registro se vuelve sospecha, el impuesto se vuelve abuso, la fiscalización se vuelve persecución del débil y negociación con el fuerte.
Lo más delicado es que el sistema se justifica con palabras nobles: “orden”, “control”, “seguridad”, “recaudación”. Pero en la práctica, muchas veces es otra cosa: un filtro social. Un modo elegante de decir “usted no califica”.
Por eso, hoy propongo una pregunta que incomoda: ¿quién entra primero al Estado?
Si la respuesta es “el que paga asesoría”, estamos perdidos. Si la respuesta es “el que más necesita”, todavía hay patria.
Gobernar es abrir puertas. Y abrir puertas no es regalar nada: es reconocer que hay ciudadanos que ya pagaron demasiado —en tiempo, en humillación, en oportunidades perdidas— por culpa de sistemas diseñados sin empatía. Un gobierno serio no romantiza la pobreza, pero tampoco la castiga. La comprende y la enfrenta con decisiones concretas: ventanilla única real, lenguaje ciudadano, interoperabilidad, plazos que se cumplan, sanciones al funcionario que maltrata, y una política tributaria que no asfixie a quien apenas respira.
El liderazgo, al final, es esto: poner el oído donde nadie pone el oído. Y construir Estado desde ahí.
| La otra cara |
Cuidado con idealizar al “último”
Hay una tentación peligrosa: convertir al excluido en símbolo… y dejarlo igual de excluido. La política “sensibilizada” puede ser la máscara perfecta para la ineficiencia. Se habla de dignidad, pero no se arregla el sistema. Se repiten frases bonitas, pero no se cambia el proceso.
Atender “primero al último” no significa gobernar por impulso emocional. Significa diseñar con evidencia: mapas de trámites críticos, medición de costos de cumplimiento, rediseño de colas, digitalización con alternativas presenciales, y presupuesto que siga al ciudadano (no al ministerio).
Si no hacemos eso, el discurso se vuelve marketing moral. Y el “último” termina usado como excusa para improvisar.
La puerta no se abre con discursos, se abre con sistema
“Un Estado grande se reconoce porque abre la puerta primero al último.”
Esa frase no es poesía: es KPI.
¿Quién es “el último” hoy? El que se pierde en la plataforma. El que no logra una cita. El que no entiende la tasa. El que paga por corregir un error del propio Estado. El que tiene miedo de preguntar porque lo tratan mal.
La puerta se abre con tres llaves: simplificación, tecnología útil y trato humano.
Simplificación: menos pasos, menos requisitos, más interoperabilidad.
Tecnología útil: digitalizar sin excluir, integrar sin duplicar.
Trato humano: el ciudadano no “molesta”; el ciudadano manda.
Si el Estado no puede servir al más frágil, entonces no está listo para dirigir a nadie. Porque un país no se ordena desde arriba: se ordena cuando abajo deja de ser castigado.
AFORISMOS
1. Un Estado grande se reconoce porque abre la puerta primero al último.
2. La burocracia es un muro cuando olvida el rostro del ciudadano.
3. Control sin justicia es recaudar dolor.
4. La legitimidad no nace del protocolo: nace del servicio.
5. Gobierno que no escucha abajo, solo administra arriba.
PROPUESTAS
1. Filtro “familia primero”: toda norma nueva debe evaluar impacto en hogares vulnerables (tiempo, costo, acceso).
2. Ventanilla Única real (interoperable): el ciudadano no debe presentar documentos que el Estado ya tiene.
3. Trámite cero-maltrato: protocolo y sanción efectiva por trato indigno; medición pública de quejas y tiempos.
4. Simplificación tributaria por tramos: obligaciones proporcionales a capacidad real (micro, pequeño, mediano).
5. Mapa de “trámites que expulsan”: ranking mensual de los 20 trámites más costosos en tiempo/dinero y plan de rediseño.
6. Presencia territorial: brigadas móviles para registro/identidad/servicios donde la digitalización no llega.
7. Presupuesto por resultados ciudadanos: metas de reducción de colas, costos y plazos como condición de asignación.